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SOLLOÍNA

Andalucía, en la subasta

Andalucía, en la subasta Andalucía se suma al debate identitario que tan pésimas consecuencias tiene en otros lugares de España, con propuestas para el nuevo Estatuto de Autonomía que elevan, matizan o revolucionan lo que hay: la simple denominación de Comunidad Autónoma, de la que no se tiene noticia que haya molestado a ningún ciudadano en 25 años. Pero los políticos locales han optado por entrar en la puja. Entre sí y con catalanes y vascos, la avanzadilla del chicle autonómico. El abanico es variado, por si quiere airearse:

* El PSOE propone introducir el concepto de nacionalidad. Afirman que ya está en el actual Estatuto aunque de una manera indirecta (?), de ahí que el presidente regional, Manuel Chaves, proponga ahondar -qué verbo- en el término, aunque matiza que está abierto al debate y a llegar a un acuerdo con el principal partido de la oposición, el Popular.

* El Partido Popular quiere introducir el término comunidad histórica. El mismo que rechazó hace un mes en el Parlamento andaluz. Parte este grupo de que Andalucía no tiene un problema autonómico. Pero se sube al carro hasta el punto de exigir que la comunidad asuma las competencias que pudieran otorgárseles a otras autonomía como consecuencia de una "no deseada" reforma de la Constitución. (Y dos huevos duros).

* Izquierda Unida defiende la fórmula de comunidad nacional, tan querida a los catalanes y a algún constitucionalista. Aunque por el retrovisor ve venir el aluvión nacionalista y precisa que no descarta el término "nación". (Ya puestos).

* El Partido Andalucista lanza el órdago de nación. Dentro de un Estado Federal. (Pie dentro pie fuera).

Luego cada cual precisa otros detalles. Del pleno empleo a los derechos sociales, de la fiscalidad ecológica a los medios públicos de comunicación. Minucias comparadas con las grandes palabras que conforman el Ser de un País. Es la ontología, estúpido. Ah. Sólo nos falta la lengua. No es descartable, empero, que algún filólogo avezado rebañe alguna subvención para dictaminar sobre la bárbara castellanización de los presentadores autóctonos y establecer peligrosos cánones sobre tildes y vocalizaciones.
Mientras, todos los partidos acudirán a la Ponencia de Reforma del Estatuto de Autonomía del Parlamento andaluz con el mejor talante para llegar a acuerdos fructíferos que situen a la comunidad autónoma a la cabeza, no del desarrollo económico y social, sino de la denominación de origen.
Pata negra, oiga.
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