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SOLLOÍNA

"Artaud en la India", en libro

Tengo el honor de poseer el manuscrito desde hace tiempo; el placer de releerlo a menudo, como faro o ungüento, según los extraños días. Ahora el gozo alegre, como círculo, se completa. Mi buen amigo Roberto Loya ha publicado su poemario "Artaud en la India", en la Editorial Calambur. Dice el correo que me lo anuncia:

La palabra como religión del mundo

"Artaud en la India" supone, más que una búsqueda, el reencuentro de la poesía con la propia naturaleza de su espacio: la vida como proyecto espiritual, la palabra como religión del mundo. Poemas en los que la pasión por la armonía se convierte en un viaje a lo imposible. Artaud jamás estuvo en la India. Roberto Loya también.

Esta colección de poemas -las etapas del navegante como piedras blancas en la grieta de Heráclito- supone una reinstauración del mito en el más afín de sus territorios, la necesidad misteriosa del alma como conducta que va de paso hacia la divinidad, canto e invocación de la conciencia mística de Artaud, Stevenson o Buda.

Roberto Loya (Madrid, 1961), pensador inclasificable de lo silencioso, nos propone en Artaud en la India, su segundo libro publicado, una conmovedora alianza con la radical naturaleza de la imaginación: ser otro, y llegar a serlo desde alguien cuya minoría ejerce el derecho a dejarse decir. Lo que existe porque ha sido nombrado. De ese periplo por la crueldad y la purificación da cuenta su vínculo con las vanguardias textuales de los años ochenta, época de la que data "Cuentos parabúlicos" (La Luna de Madrid, 1984), y su lectura crítica de los heterodoxos contemporáneo.


Roberto abrió la sección "Firmas invitadas" con un original texto sobre "Literatura y periodismo". Estos días convalece de problemas de espalda (los años fugaces, tan pesados al fin), pero hoy ha tenido un instante para comentarme que firmará ejemplares en la Feria del Libro de Madrid el 11 y 12 de junio y autorizarme a reproducir aquí uno de los poemas.

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FRONTERA

El viaje es corto y nada sabemos
de la iniquidad de los mapas.
De la inmovilidad necesaria
nadie sabe lo suficiente.

Los guías son bellos al principio,
conocen los secretos de la hipnosis,
pero luego van enfermando rabiosos.

Lo predestinado es una trampa
puro brillo para olvidar el barro.

El viaje es corto
y pronto amanecerá en la frontera.

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