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SOLLOÍNA

Circo catódico

"No podía imaginar que su casa estaría rodeada de reporteros y unidades móviles y que los suyos serían permanentemente acosados y enfocados por las cámaras".  Así concluía ayer Sergi Pàmies,  columnista/critico de televisión de El País,  su artículo Había una vez un circo sobre el tratamiento mediático de la muerte de Rocío Jurado. Pienso que yerra el diagnóstico. La artista era consciente de su tirón popular y de esa "explotación de la fama" a la que alude el autor, aunque tuvo la lucidez de actuar con comedimiento durante su grave enfermedad, mientras otros miembros de la familia buscaban acomodo en los platós. Los mismos que ayer la lloraban ya ríen y manosean la babosa versión de un ex novio de cartón piedra. No están dispuestos a esperar diez años, como ocurrió con Lola Flores, para rentabilizar la popularidad de la cantante. No tendrán escrúpulos en convertir la memoria de la que ahora proclaman "la más grande" en la más vituperada.

De momento, me quedo con el análisis de Pàmies [El País, de pago]:

"¿Se justifica el despliegue de ayer? Por la dimensión artística de la cantante, en parte sí. Lo que no se justifica es la intromisión en la intimidad que precedió el fallecimiento, ni el abuso de planos funerarios y de plañideras en off, ni ese recurso tan extendido que consiste en que las presentadoras pretendan estar más afligidas que los familiares, como si el dolor fuera la coartada para la falta de respeto. En una entrevista en Els matins de TV3, Fernando Sánchez Dragó habló de circo y de "la España de los cotillas carroñeros". Algo de eso hay. Ana Rosa Quintana, mientras tanto, dijo: "Estoy cansadita de que me den lecciones de ética". No era un gag sino una reivindicación de un género que, con ética o sin ella, mezcla la información (ayer hubo mucha), el remunerado intercambio de intimidades-espectáculos, el cotilleo frivolón, la amplificación irresponsable de rumores y la violación del derecho a la vida (y la muerte) privada".

A propósito. El País.es no enlaza desde su portada ni desde la información interior al crítico artículo del crítico televisivo. Opta por los incondicionales de Elvira Lindo y Ricardo Cantalapiedra. Será, como escribe Arcadi Espada, "el horror vacui que le entra al periodismo de prestigio" en estos casos. No sólo publica o perece, se siente impelido a ennoblecer. Para sobrevivir en/a la ola. 

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