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SOLLOÍNA

Mi tío José

"Más temprano que tarde, sin retorno".

No por esperada una muerte es menos dolorosa. El tío José, el de Barcelona, ha muerto de cáncer esta madrugada.

Era el primero de los cuatro hermanos de mi madre, la mayor. De chico trabajó en el arroz, en la marisma. También acudía con la familia de temporero a la aceituna de Jaén. Allí conoció a una granadina de Algarinejo, con la que se casó después de hacer la mili, como mandaban los tiempos. Era un zagal cuando me llevaron a aquella boda por carreteras imposibles. Ella ya tenía familia emigrada en Barcelona y allá que se fueron, lo más lejos posible del campo, de las escasas peonadas, de los míseros jornales. 

Durante años trabajó en una pequeña empresa de colocación de parqué. Le dio para comprar una vivienda pequeña en un barrio obrero, Horta, y criar a cuatro hijos, todos catalanes. Y para ver en Camp Barca a su Betis (nadie es perfecto). Le recuerdo una vez entrando en un hotel de postín en Las Ramblas, como si devorara el mundo tras recorrer toda la ciudad, escapado del trabajo, para abrazar, orgulloso y feliz, al sobrino que acudía desde Sevilla a la conferencia de un político andaluz. Cuídate de esta tropa, me dijo entre achuchones.

Volvía, y no siempre, por agosto, para la feria. Valoraba el progreso catalán, agradecía la acogida y el trabajo, la pela, que decía con gracejo y acento. Pero había tristeza en su voz, una melancolía de arrozal infantil crecida en Isla Menor, junto al Guadalquivir. Alguna vez hablaba, sin mucha convicción, de la posibilidad del regreso, ya pensionista, cuando los niños tuvieran la vida hecha. Pero los hijos nunca acaban de hacer la vida. Se jubiló hace poco, un par de años o así. Y de pronto le sobrevino el cáncer. Por el tabaco, dijo el oncólogo, profesional. ¿Y de tanto trabajar no, joder?, gruñiría. Pero no pudo luchar mucho más.

El teléfono ha sonado esta mañana para traer un agrio regusto a marisma seca, a silencio espeso. Este hombre, que ayudó a levantar lo que llaman la realidad nacional catalana, forma parte de mi vida.

Irá un vaso de vino regado en lágrimas en el duelo.

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