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SOLLOÍNA

De los números y de los primos

A propósito de un texto de Antonio León del Castillo, una reflexión sobre la necesidad de un periodismo basado en cuantificar con exactitud cartesiana críticas, promesas y medidas ante la persistente presencia en prensa y medios audivisuales de un lirismo fatuo.

A ver, jóvenes, atiendan, por favor. Lean este texto.

“Varias veces al día, muchas a lo largo del año, tengo que cruzar la carretera a la altura del Bar de Rosa, saliendo del centro, en dirección a la Avenida de Utrera. Y por ahí, hilando una cosa con otra, haciendo un cálculo sencillo y suponiendo una afluencia media diaria de sólo doscientos coches que para hacer ese cruce, -que en condiciones "normales" supondría un trayecto de siete metros- tienen que recorrer unos doscientos metros hasta la rotonda de la salida a Cádiz ("de los ánsares") y otros doscientos metros de vuelta, resulta que eso que parece tan insignificante conlleva un total de 80.000 metros diarios. Ochenta kilómetros cada día. 2.400 kilómetros al mes. Nada menos que 29.200 kilómetros de nada -80 km. diarios x 365 días- recorridos absurdamente por los vehículos de este pueblo cada año, con el consiguiente gasto en combustible, en contaminación, en tiempo perdido y en pensamiento sobre a quién se le ocurrió este despropósito que dura... No me atrevo a hacer los mismos cálculos desde el primer día que fue vetado este cruce. Mejor no”.

Es del amigo Antonio León del Castillo. Léanlo de nuevo, si no les importa. No, nos interesa, no ahora, su significado, lo que critica o advierte o denuncia. Su efervescencia numérica nos es de suprema utilidad como ejemplo clarividente de lo que se ha denominado, con la pomposidad novelera y habitual de quienes luego cobran por ello, periodismo de datos. Vean qué fácil. Un señor que ni siquiera es periodista, aunque bien leído y de buena pluma, se detiene a pensar en los inconvenientes de cerrar al tráfico un cruce en una avenida, pero no lanza, como es costumbre, una mera opinión circunstancial, ni un furibundo ataque plagado de consignas partidarias, ni mucho menos un castizo insulto a la (supuestamente escasa) inteligencia de otros. No.

Nuestro ciudadano, que por su ocupación también sabe de cuentas, calcula vehículos, metros y kilómetros, evalúa pérdidas… Podría haber sido más concreto, precisar algunas cifras, elaborar una información más detallada. Pero este vecino solo pretendía escribir una rápida nota en su perfil de facebook para llamar la atención (con poco éxito, dicho sea de paso) sobre lo que entiende como una decisión absurda, cortar una intersección viaria clave. Queda por desbrozar un amplísimo campo abonado para el profesional de la noticia que no suda y parpadea ante los números, ni los traiciona en favor de una plúmbea metáfora o, peor, de intereses bastardos, y se decide a insistir sobre cuentas que han de cuadrar, diáfanas como la lechera de Vermeer, sea en este asunto circulatorio, en la cuantificación de una promesa electoral o en la evaluación de una medida política.

Porque ahí radica el drama de nuestros papeles ilustrados y nuestros informativos audiovisuales iletrados, en el apego al rijoso sintagma literario, al columnismo sentencioso, vaina y rococó, a la imagen vacua, escandalosa y espectacular, al telepredicador vocinglero, embaucador y espurio. En el periodismo español siempre se ha preferido y, por tanto, ha predominado la pluma de filigrana o razo grueso, según trinchera o talento, para en ambos casos desterrar a menudo el implacable lirismo de lo exacto, lo cifrado, lo matemático. A la palabrería mansa, al grito voluntarista, a las admoniciones salvíficas contrapongan la fría soledad transparente de los números, estos son solo primos en aritmética.
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