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SOLLOÍNA

Tanto leé

Cortázar escribe

Lo último del autor de Rayuela, Cartas a los Jonquières, y ese capítulo que nos regala El País, en el que se lee: "Lo que me ocurre es que me siento ajeno al carácter español, a esa falta evidente de flexibilidad mental y moral, a ...lo poco europeos que son, a su rápida jactancia -que le hemos heredado..."

Lo que sigue habla de mujeres, y no estoy de acuerdo: "... y hasta me molesta físicamente la grosería y la falta de gracia de sus mujeres (¡Qué manera idiota de embadurnarse la cara!)". Igual las trato poco. ¡Si se refiriera al carácter!

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Remember

Maldita paradoja premonitoria. Leer "Lo que me queda por vivir", de Elvira Lindo, en una habitación de hospital, al ritmo insobornable de la gota de suero que cae para mantener la vida mientras recuerdo que yo estuve en aquel Madrid de 1980; que también tenía "una pequeña Olivetti" para construir los sueños; que, en efecto, "nunca y siempre" parecían tatuadas hasta disolverse en el paladar; que todavía te dices: "Ah, las personas siempre tan fieles a los que esperamos de ellas"; que, al fin, vas olvidando "la otra vida posible a la que renunciamos siempre que tomamos un camino".

(Y aún no he llegado a la mitad del libro; la vida es más corta).

Que los niños dediquen el dia de huelga a la lectura

"Las artes quieren dar sentido a nuestra inexplicable aparición en el cosmos, pero no por eso renuncian a analizar y dar forma verdadera a las cosas de este mundo" (...) Cada uno de nosotros a lo largo de una vida inventa su propio bestiario (...) Todos estamos obligados a ello porque nacemos incluidos en una constelación de signos y nuestra vida consistirá en la alteración o la permanencia, el crecimiento o la mengua, de esos signos heredados que pueden ser una fortuna o una condena según sepamos descifrarlos".

"La nebulosa imaginaria que nos hace ser lo que somos se compone de aquello que tememos escape a nuestro control, lo que desemaos que permanezca, y también aquello que nos produce un dolor intolerable. En resumidas cuentas, todo lo que amamos y odiamos".

“Los humanos somos aquello que de nosotros dicen nuestras imágenes”.

"Ese es nuestro límite. Ésta es la desdicha: que no hay nada entero, todo es composición imaginaria, inestable equilibrio de átomos y moléculas sostenido por campos de atracción invisibles que se desgastan hasta dejar caer las partes cada una por su lado como castillo de naipes derrumbado".

Autobiografía sin vida, Félix de Azúa. (Entrevista)

Lectura

Lectura

Que los niños se acerquen a las librerías;

que corran atolondrados por sus pasillos como en una tienda de chuches;

que se reencuentren con los silencios de las sílabas como en un viejo teatro;

que acaricien los lomos de los libros con reverencia y temor, como cuando descubrieron el sexo compartido;

que abran un texto al azar y, en el asombro, confundan ficción y faction, como cuando equivocaron el primer amor;

que recuerden con el coronel Aureliano Buendía, "muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento", "aquella remota tarde en que su padre lo(s) llevó a conocer el hielo";

que indagen en los misterios del Cuaderno Gris y en el olor a tinta de quien transcribió de Belmonte el "se torea como se es";

que inviertan el hilo sobrante de botellonas y preservativos en unas tapas blandas de bolsillo que quizá guarden el tesoro del alumbramiento;

que ahorren por si nos les alcanza para las obras maestras de un genio irrepetible.

Y aún así, en caso de apuro, porque uno entiende que los vicios son caros, pueden acudir prestos a la biblioteca más próxima y asomarse al escote de la historia a través de las altas galerías.

Para que los niños alimenten sus insomnios entre el sexo por llegar y las luces por venir, atormentados a veces, asombrados otras, siempre alertas entre los ignotos pasadizos de la condición humana, envueltos en el mecano de las palabras, en la tersa caricia del papel.

Y se hagan adultos confiados en el afán del conocimiento, contemplando lo que les queda por leer, agradecidos por lo que nunca sabrán.

De Luis Rosales

El centenario del nacimiento del poeta granadino es la excusa perfecta para recuperar la obra de un autor que vivió bajo el estigma de las falsas acusaciones que le vinculaban -a él y a su familia- con el asesinato de García Lorca. Llegué a su poesía a finales de la década de 1970 a través de otro escritor que me deslumbró en aquellos años inciertos de una juventud recién estrenada, su amigo y colaborador Félix Grande. Profundicé en Rosales durante el verano que pasé en Cercedilla (Madrid), pueblo de la sierra en el que el poeta descansaba y está enterrado, y donde tengo vínculos familiares. La bibliotecaria del municipio me regaló numerosos ejemplares de Cuadernos Hispanoamericanos, la revista que dirigió el autor, y que se humedecían en el sótano. Conservo algunos. Otros se fueron extraviando en varios traslados urgentes. Siempre permaneció conmigo su mejor obra, La casa encendida. Vaya en su homenaje.   

Porque todo es igual y tú lo sabes

PORQUE TODO ES IGUAL Y TÚ LO SABES,
has llegado a tu casa y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas, como estarán dentro de un año,
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.

Autobiografía

Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.

(Más en El Cultural)

Alucinación

"Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré".

Carta, Miguel Hernández.

Era él y no el Jack Daniels, como yo pensaba. 

 

Esperando a Canetti

"Di tus cosas más personales, dilas, es lo único que importa, no te avergüences, las generales están en el periódico".

El autor de Masa y poder citado por Savater en la reseña del Libro de los muertos. Apuntes 1942-1988, recién publicado por Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, en el que reflexiona contra la muerte. He aquí algunos pensamientos adelantados por Babelia (El País):

"El currículo antes, el currículo después de la muerte".

"¡Oh, edad, edad!, ¿habrías muerto con más esperanza antes?"

"La mariposa como fantasma de la oruga".

"El derecho a hacer que regrese un muerto, uno solo".

"Idea de que todo es demasiado tarde. ¿También la muerte?" -

"Tantos mitos que quedan por leer ¿lo ayudarán a conseguir una prórroga?"

"Más repugnante que la muerte es para él la sumisión a ella, todas".

"Él pidió una prórroga a Dios. Éste le dio una hora".

Lo que quieres oír

" -Te oigo hablar y no te conozco.

  - No estoy aquí para decirte lo que quieres oír".

Antonio Muñoz Molina, La noche de los tiempos.

Ese diálogo refleja fielmente algunas de las sensaciones que me produjo la lectura de esta novela, tan alejada de falsos maniqueísmos. Muñoz Molina recrea una República agonizante entre la pusilanimidad distante de Moreno Villa y el vitalismo pesimista de Juan Negrín, acosada por desesperados, extremistas y asesinos; con un arquitecto -Abel Infante, Ignacio Abel- de buena posición, ilustrado y socialista, que huye del Madrid enloquecido y brutal de los primeros meses de la Guerra Civil y busca desesperanzado en su exilio estadounidense a una joven norteamericana que fue su amante en aquella convulsión virulenta.

La certeza de que lo precario puede ser definitivo: "Ahora hemos aprendido que hay cosas que nos están sucediendo por última vez; que no hay despedida casual que no pueda ser para siempre".  Para concluir: "Entre el sueño y la conciencia las imágenes se disuelven sin llegar a formarse el todo y la frontera entre el recuerdo y la imaginación es tan fluida como la que une y separa los cuerpos cobijados en un abrazo hecho por igual de cansancio y deseo".   

Sólo echo de menos la petición de otra víctima, Miguel Hernández: "Tened presente el hambre".

P.D.- Corrección del nombre del protagonista de la novela tras advertencia de Álvaro Romero en "Comentarios".

Volver a Egea

"O me habré de morir a cada instante

para saldar el brillo de esos ojos

tan extraños o grandes y asesinos".

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"Hoy le escribo otra vez.

Sus señas ya no me importan.

 ¿Acaso no es lo mismo Calle del Beso, 10

o Calle de la Muerte, casa sola?".

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“Lo terrible no es la calle sola,
el andén como un reto,
los trenes que perdimos.

Lo terrible no es ni siquiera el dolor.

Lo que duele terribe y zarandea
es que ya sólo queda
recurrir a la vida por tus propios ojos
que son una distancia casi absurda,
que son un túnel negro de esperanza”.

Javier Egea, Paseo de los tristes.

 

"El exilio de las alas"

"El exilio de las alas"

Presentación, Casa de la Cultura

Los Palacios y Villafranca, 18 de abril 2010

Presentamos esta noche el poemario El exilio de las alas, de nuestro paisano Manuel Bernal Romero. Fue a finales de enero cuando Manolo me invitó a presentar el libro. Luego nos hemos comunicado por correo electrónico, ese artilugio que prácticamente ha acabado con el añejo género epistolar. Desde el principio no pude sustraerme al recuerdo de “Por la ventana”. Una sensación que se fue acrecentando a medida que conocía nuevos datos de esta obra. Por ejemplo, que fue escrita en la década de 1980. 

 

Los más jóvenes, u olvidadizos, no recordarán qué fue “Por la ventana”. Permítanme que evoque aquella aventura, importante también para entender este poemario que damos a conocer hoy. Fue en 1978 cuando un grupo de siete palaciegos decidimos reunir en un volumen nuestra incipiente obra poética. Estábamos María del Carmen Ayala, Paco Caballero, Alberto Cabello, Manuel de Fora, Claudio Maestre, ambos aquí presente, Manolo Bernal y un servidor. La portada era un dibujo de Ángeles. Perdonádme, pero he sido incapaz de recordar su apellido. El libro lo editamos como Grupo L.P., lo que da idea de nuestra intención de perdurar como colectivo generacional. Lo imprimió Gráficas Los Palacios con su número de ISBN, que es la base de datos de los libros editados en España, y de Depósito Legal.

 

En una época en que todo eran panfletos más o menos ilegales, escritos a máquina copiados con papel carbón o fotocopias mal grapadas, nosotros éramos gente seria, desde luego. Y queríamos hacer un libro serio, que dejara constancia para la posteridad de nuestros trabajos. Con todas las de la ley. A veinte duros el ejemplar, cien pesetas de las de entonces. Hablamos de la presentación en sociedad del colectivo de poetas locales y aquello merecía el esfuerzo.

 

Porque entonces, recuerdo que hablo de 1978, nos jugábamos construir un país nuevo, una sociedad nueva, la transformación de un mundo oscuro. Y todo, o casi todo, era trascendente. Entonces, como nos enseñó Gabriel Celaya, la poesía era un arma cargada de futuro. Y nosotros éramos unos jóvenes esperanzados, con un compromiso radical en la fuerza del verso, de cada verso; y una confianza hercúlea en su capacidad de cambio íntimo e histórico. En el breve prólogo de “Por la ventana”, Alberto Cabello proclamaba: “En un tiempo en que, ante los problemas y la herida continua, lo más usual es la reacción airada, el insulto o cualquier otra reacción violenta, la poesía es una noble respuesta. Y tiene que ser atendida”.

 

Sorprendentemente, ese mensaje tiene hoy una vigencia absoluta y deben recordarlo cuando abran “El exilio de las alas”. Andando el tiempo, menos fortuna tuvo otra frase de aquella introducción; la que decía de aquellos autores que “todos tenemos en común el uso de la palabra escrita con una cierta permanencia”. Aunque intuyo que la mayoría, de una forma u otra, mantiene esa necesidad de expresión, de los siete, sólo tengo constancia de que hayan mantenido el pulso dos: Maricarmen Ayala, que sigue publicando, y Manolo Bernal, que me confesaba que sigue escribiendo poesía “para guardarla y esperar a que pase el tiempo. Si sobrevive, pues igual sirve para algo. Y si no, pues al olvido, que tampoco pasa nada”.

 

Cabe pensar que pasará algo. Como lo demuestra este libro. Escrito entre 1980 y 1987, cuando Manolo aún vivía en nuestro pueblo, ha crecido en la espera hasta devolvernos a un poeta veinteañero y ya maduro; que todavía indaga los misterios del lenguaje en los maestros de las generaciones del 98 y del 27, de Machado a Aleixandre, y que ya inicia la búsqueda de una expresión propia.

 

Si me he demorado antes en las resonancias de “Por la ventana” es porque considero que, de alguna forma, su eco late todavía en esta nueva-vieja obra de Manolo. No es sólo la secuencia temporal del poemario, del 78 al 80-87, sino una elección de referentes poéticos y, sobre todo, una vocación de estilo, junto a un compromiso social, que es la vez una obligación moral. Desde esa atalaya ineludible elevará versos certeros: “Una mirada y una palabra sostienen mis alas”. O “Tu sangre y la mía unidas como en un río”.

 

También hará suyos los versos machadianos “Yo no digo mi canción / sino a quien conmigo va”. Ya en aquel libro colectivo Manolo dedicó un poema a sus abuelos, “Vosotros, la eterna caracola donde duermen mis pajaritas de papel”, en el que priman la pérdida de la infancia y el afán de entender de un adolescente que aspiraba a aprehender el mundo. Y son estos mismos abuelos, hermanados con don Antonio Machado, los que trasminan por “El exilio de las alas”. Es como si nuestro autor fundiera el extrañamiento interno de los que sufrieron aquí una guerra salvaje genocida y una dictadura atroz con los desterrados que anhelaban una paz y una libertad y una justicia imposibles dentro y fuera de nuestras fronteras.

Sobre ese exilio ha escrito el catedrático Jordi Gracia: “Están saliendo de España en la pura desdicha (...) Están saliendo tan angustiosamente porque no han  podido oponer la fuerza de la razón a la fuerza militar del vencedor”. Y añade: “Pero la desdicha es también el sentimiento que prevalece entre quienes padecen la derrota aquí, sin salir de España”.

A esa desdicha, a esa angustia, a esa derrota compartida, Manolo opone la razón... y la poesía. Lo hace, por ejemplo, en el poema 25, que encabeza el último verso que escribió Machado, aquel que dice “Estos días azules y este sol de la infancia”. Allí nuestro autor se pregunta por el mañana, para responderse con desolación: “Mañana los gallos azules pararán el tiempo. / Se hablará del silencio: / Río de brazos, labios, lágrimas y ausencias”.

 

Entre poderosas metáforas, el poeta nos seduce y nos golpea. Y nos habla de alas que duelen, de infancias perdidas, de deseo carnal, de esperas que son implícitas esperanzas, de destierros personales y colectivos, de casas vacías pobladas por huéspedes que no podrán abandonarlas, de ausencias que siguen “siendo luz y solo luz”.

 

Para soñar “si los niños del aire (que ya casi no cantan) volvieran...”. Para sobreponerse al olvido “amaso entre mis ojos y mis manos un sueño”, nos dice. Y uno cree intuir que es aquel sueño que germina en ese verso postrero de Machado, aquel que le encontró su hermano José en el gabán el día de su muerte, garabateado con letra temblorosa en un papel arrugado, aquel que hemos citado: “Estos días azules y este sol de la infancia”. La infancia y el sueño recobrados. Los de don Antonio y los de nuestro poeta y amigo. Ya sin drama ni exilio ni ausencias.

 

Es el anhelo que late en estos 30 poemas que concluyen en un “Punto y seguido”. Esa aspiración de continuidad nos hace albergar la esperanza de que Manolo tiene “los versos a punto siempre”, como escribe en este último texto, y es probable, así lo deseamos, que vuelva a publicar más temprano que tarde, como ya hizo en 2006 con “Las canciones del paraíso”.

Hasta entonces le seguiremos en sus otras ocupaciones, todas ellas vinculadas al mundo de la enseñanza, la comunicación y la literatura. Porque Manolo se ha forjado una sólida carrera intelectual. Es Graduado Social, licenciado en la rama de Periodismo de Ciencias de la Información y profesor de Lengua y Literatura. Actualmente  trabaja como asesor del área lingüística del  Centro del Profesorado de Jerez de la Frontera, donde reside.

 

Ha publicado libros de relatos, como “Mártires de la tiza” o “Felicidad, nombre de mujer”, artículos sobre crítica e historia literaria, trabajos de investigación sobre las generaciones del 98 y del 27 y la Exposición Iberoamericana de 1929 de Sevilla, ha colaborado o colabora en prestigiosas revistas políticas, como Cambio 16, o literarias, como Campo de Agramante, así como en periódicos de la relevancia de Diario de Sevilla o El Correo de Andalucía.

 

Este año tiene previsto publicar varios libros, entre los que destacaría el ensayo “El propósito de ser. La verdadera historia del nacimiento del grupo literario del 27”, que indaga en la génesis sevillana del colectivo que forjó la edad de plata de la literatura española. Manolo mantiene una activa presencia en Internet como bloguero y como coordinador y codirector de la publicación digital Depalique intercentros, un proyecto de periodismo ciudadano hecho desde centros educativos andaluces.

Y todavía tiene tiempo para dedicarse a la literatura infantil y juvenil, con el fin -familiar, supongo- de entretener y animar a la lectura a sus cuatro hijos, dos mellizos y dos mellizas. Nos anuncia que cuatro de sus cuentos –ilustrados por jóvenes dibujantes- verán la luz en breve.

Es un trabajo prolífico en el que, a buen seguro, Manolo siempre encuentra la pausa necesaria para volver a la poesía, esa forma de expresión única, consoladora y salvífica, que nos redime y nos ayuda a entender y explicarnos la azarosa vida. Es lo que hace “El exilio de las alas”.

Verán, yo no soy crítico literario ni profesor de estas lides ni siquiera ya poeta aficionado. Mis lecturas son un revoltillo de elecciones personales, de necesidades y gustos momentáneos. Desde esa falta de autoridad académica, pero también desde un profundo convencimiento, os invito a leer esta obra.

Primero, para que, como dice la dedicatoria del libro, el exilio permanente de don Antonio Machado no sea eterno, y por “los que murieron lejos de nuestra patria pensando que la República no sería un sueño”. Segundo, porque, entre tanta palabrería al uso, estamos faltos de voces alertas, críticas, rebeldes, humanistas en el amplio sentido del término. Y tercero, porque Manolo es un magnífico poeta y escritor que merece todo nuestro apoyo, y el mejor respaldo para un autor es la lectura de su obra.

Termino con otra dedicatoria, la del ejemplar que me hizo llegar Manolo, y donde apuntaba: “En recuerdo de aquellos días en los que imaginábamos un mundo diferente, y creíamos que era posible cambiarlo a base de versos y de poesía. Por aquellos recitales en los que me estrené en tu compañía en el salón de actos de la Biblioteca. Ya ves, el tiempo pasa y la poesía permanece. Por la amistad”.

Por la poesía y por la amistad.

Que así sea. Muchas gracias.

Gil de Biedma

Mi (post) Adolescente, joven ninfa, ya trastea con el poeta barcelonés, dríade apasionado. Coincide su examen con el exabrupto cinematográfico. De aquellos polvos estos lodos. Y el poema del comentario de texto, tan de ahora:

 

NOCHE TRISTE DE OCTUBRE, 1959 

A Juan Marsé 


Definitivamente 
parece confirmarse que este invierno 
que viene, será duro. 

Adelantaron 
las lluvias, y el Gobierno, 
reunido en consejo de ministros, 
no se sabe si estudia a estas horas 
el subsidio de paro 
o el derecho al despido, 
o si sencillamente, aislado en un océano, 
se limita a esperar que la tormenta pase 
y llegue el día, el día en que, por fin, 
las cosas dejen de venir mal dadas. 

En la noche de octubre, 
mientras leo entre líneas el periódico, 
me he parado a escuchar el latido 
del silencio en mi cuarto, las conversaciones 
de los vecinos acostándose, 
todos esos rumores 
que recobran de pronto una vida 
y un significado propio, misterioso. 

Y he pensado en los miles de seres humanos, 
hombres y mujeres que en este mismo instante, 
con el primer escalofrío, 
han vuelto a preguntarse por sus preocupaciones, 
por su fatiga anticipada, 
por su ansiedad para este invierno, 

mientras que afuera llueve. 
Por todo el litoral de Cataluña llueve 
con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas, 
ennegreciendo muros, 
goteando fábricas, filtrándose 
en los talleres mal iluminados. 
Y el agua arrastra hacia la mar semillas 
incipientes, mezcladas en el barro, 
árboles, zapatos cojos, utensilios 
abandonados y revuelto todo 
con las primeras Letras protestadas. 

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Beevor / Capa

Sobre la mesa El día D. La batalla de Normandía, del historiador británico Antony Beevor, editado por Crítica. Beevor vuelve a desentrañar la angustia y los padecimientos de la gente común en la guerra: "Se montó un escándalo porque utilicé la palabra crimen de guerra para describir el bombardeo de Caen y hay que ser muy cuidadoso con esta expresión, lo que dije es que estaba cerca del crimen de guerra. Pero lo que es cierto es que el bombardeo no consiguió nada y fue estúpido desde el punto de vista militar porque si quieres capturar una ciudad rápidamente no deberías destrozarla. Y sólo hubo bajas entre los civiles".

El día D me lleva a los subrayados de Ligeramente desenfocado, libro intenso, hermoso y apasionante, que la editorial La Fábrica edita por primera vez en español, y donde el fotógrafo Robert Capa narra su odisea con las tropas aliadas que lucharon en el norte de África e Italia hasta concluir en el desembarco de Normandía y la liberación de París.

Pero Capa no es historiador ni lo pretende. Su biógrafo Richard Whelan avisa en la introducción que este texto quería ser la base de un futuro guión cinematográfico y que el propio Capa advertía en la sobrecubierta de la edición original: "Escribir sobre la verdad es obviamente muy difícil, así que me he tomado en su honor la libertad de a veces traspasarla y otras no llegar a ella.. Todos los sucesos y personajes de este libro son fortuitos y están conectados de algún modo con la realidad".

O sea, que el mejor fotógrafo de guerra de la historia no juega del todo limpio, aunque nadie como él para narrar su experiencia  como corresponsal en primera línea de batalla y que de forma tan conmovedora demuestran las imágenes que ilustran el libro. Y es justo destacar algunas de sus mejores reflexiones:

Un piloto herido le espeta: "¿Son éstas las imágenes que estás buscando, fotógrafo?". Más tarde reflexiona: "En el tren de vuelta, con aquellos rollos de película bien aprovechados en mi bolsa, sentí odio hacia mí mismo y hacia mi profesión. Ese tipo de fotografías era apto sólo para sepultureros, y yo no quería ser uno. Si tenía que participar en un funeral, juré que lo haría desde el cortejo".

Tomada Nápoles por las tropas norteamericanas, Capa se encuentra con el velatorio de veinte menores asesinados por los nazis: "Esos niños napolitanos habían robado fusiles y balas y habían luchado contra los alemanes durante dos semanas, mientras nosostros estábamos atascados en el paso de Chiunzi. Sus pies fueron mi verdadero comité de bienvenida a Europa, yo que había nacido allí. Mucho más real que los vítores de la multitud histérica que habíamos encontrado a lo largo de la carretera, gran parte de la cual había gritado <<Duce!>> un año antes. Me descubrí y saqué la cámara. Enfoqué los rostros de las mujeres postradas, que portaban fotos de sus hijos muertos, hasta que finalmente se llevaron los ataudes. Aquellas fueron las más fidedignas imágenes de la victoria, las que tomé en un sencillo funeral celebrado en una escuela".

Con ironía se defiende de la otra victoria. El representante de la Iglesia napolitana acude a una ceremonia con un alto mando norteamericano. Capa no tiene piedad: "El obispo, por su parte, había estado ensayando durante tres años para esta ocasión, con diversos generales alemanes".

Y la fiesta en la Ciudad de la Luz: "No habría otra invasión que sobrepasara a la de Normandía; nunca una liberación sería como la de París", como respiro en el avance hacia el espanto: "Los campos de concentración estaban plagados de fotógrafos y cada nueva fotografía del horror servía sólo para atenuar el efecto general".

Y todavía una última víctima en el Leipzig conquistado a manos de un francotirador alemán:

"Tenía la imagen del último hombre en morir. El último día mueren algunos de los mejores. Pero los vivos olvidarán rápido".

Salvo si Beevor se empeña en devolvernos lo mejor de la Historia.  

Como balcones a la calle

Como balcones a la calle

"Una ventana al tiempo son tus ojos,

me hablan siempre de ti y me restituyen

de todo lo pasado antes de que pasara"

J. M. Caballero Bonald, La noche no tiene paredes.

El joven Carlos Marzal en su último poemario, Ánima mía, celebra la vida. El viejo Caballero Bonald la despide entre dudas. Y algunas certezas.

"La edad me ha ido dejando

sin venenos, malgasté en mala hora

esa fortuna,

¿qué más puedo perder?

Llega el tiempo ruin de los antídotos.

Materia devaluada, la aventura

disiente de ella misma y se aminora.

Ya sólo quedan rastros de peligros,

una zona prohibida apenas frecuentada,

la pauta exigua de lo inconfesable,

cierto amago fugaz de furia y desacato".

Y otros versos subrayados como quien desenvaina un puñal.

"Tristeza

de estar aquí acordándome de algo

que queda ya más lejos que el recuerdo".

"Soy a la vez quien ama y aquello que yo amo"

"Quién que no tú vendrá a advertirme

que el pasado

no ha terminado todavía de pasar". 

Para concluir al fin...

"Sombras dispares

que el tiempo reconcilia a duras penas,

pero que juntas van contribuyendo

a ejercer de benévolos augurios

de esas noches gozosas que te quedan de vida"

De Chaves Nogales

De Chaves Nogales

Hay un comentario de Álvaro en la nota anterior sobre la biografía de Juan Belmonte contada por el periodista y escritor sevillano que encabeza este post. (Si el firmante es Álvaro Romero, como imagino, también es periodista y "escritor a jornal (y muchas veces de balde)", vecino de LPyV, antitaurino confeso). Afirma que lleva un mes aconsejando leer a Chaves Nogales. Más o menos, es el tiempo que intento dejar constancia aquí del descubrimiento de este autor. Es el tiempo que me flagelo por los años que ha reposado en la librería de casa su obra periodística completa editada por la Fundación Luis Cernuda, de la Diputación de Sevilla.

Primero fue la historia de Belmonte, de 1935, considerada la mejor biografía de la literatura española, por la que me interesé para regalársela a mi compadre, aficionado de vieja sabiduría, al que tendré que comprarle otro ejemplar. Aquí está su primer capítulo, y lo que sigue es aún más deslumbrante. Olvídate de aquel nuevo periodismo con sus Tom Wolfe y derivados, que nos vendieron como una forma moderna de ver y contar la realidad, y maldice a todos aquellos que te sermonearon en la Facultad sin ofrecerte el conocimiento de aquel precursor muerto en el exilio de Londres, silenciado por académicos y pistoleros a uno y otro lado de los totalitarismos del siglo XX.

Después rescaté del polvo La agonía de Francia. Acababa de leer Diario de Berlín, donde el periodista W. Shirer relata desde dentro la ominosa cotidianeidad del nazismo. Chaves Nogales nos cuenta la descomposición francesa ante el avance de las tropas alemanas. De aquella Francia que "era también un mito de la democracia, de la libertad, de los Derechos del Hombre". Y lo hace un republicano español, exiliado de la Guerra Civil, que busca el amparo de la civilización ante tanta barbarie, y que en su segunda huída, camino de Gran Bretaña, alumbra la esperanza: "Aún hay patrias en la tierra para los hombres libres".   

Más tarde corrí a la librería para hacerme con A sangre y fuego. Héroe, bestias y mártires de España (1937). Su prólogo, de unas pocas páginas, es la reflexión más lúcida, equilibrada y desgarradora que se pueda leer sobre aquella matanza, frente al fascismo y el comunismo, contra los bombardeos de la aviación franquista y contra los paseos de los milicianos; escrito además cuando humeaban las balas en las tapias de los cementerios y las tierras de España eran baldíos de cruces y muertes. 

De la añoranza inicial -"Yo era eso que los sociólogos llaman un <<pequeñoburgués liberal>>, ciudadano de una república democrática y parlamentaria"- a los principios -"Antifacista y antirrevolucionario por temperamento", "un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad", "idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España"- hasta las dolorosas conclusiones -"Yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos. Para un español quizá sea éste un lujo excesivo", "No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras", "Me expatrié cuando me convencí de que nada que no fuese ayudar a la guerra misma podía hacerse ya en España".

Y al fin: "No quiero sumarme a esta legión triste de los <<desarraigados>> y, aunque sienta como una afrenta el hecho de ser español, me esfuerzo en mantener una ciudadanía española puramente espiritual, de la que ni blancos ni rojos puedan desposeerme".

Más sobre Manuel Chaves Nogales:

- La página sobre el autor de María Isabel Cintas, catedrática de la Universidad de Sevilla, responsable de la agotada edición de sus obras completas en la Fundación Luis Cernuda, Diputación de Sevilla.

- Especial de Babelia, suplemento artístico de El País.

La vida, según Belmonte

"Uno conserva, a pesar del amargo y exacto sentido de la vida que le ha hecho tener su origen, una vena sentimental, un hilillo soterrado de linfa romántica, que le hace caer alguna vez en sabrosas y torpes debilidades".

"Soy poco supersticioso, pero el hombre más equilibrado y sensato, cuando se ve en el trance de jugarse lo que más le importa en un albur como el de la lidia de un toro, albur en el que hay que contar con elementos tan ajenos a él, a su valor, su inteligencia y su voluntad, cae fatalmente en esas naderías de la susperstición, que son como asideros que la inteligencia quiere poner a lo ininteligible".

"Se torea y se entusiasma a los públicos del mismo modo que se ama y se enamora, por virtud de una secreta fuente de energía espiritual que, a mi entender tiene allá, en el hondo del ser, el mismo origen. Cuando este oculto venero está seco, es in´´util esforzarse. La voluntad no puede nada. No se enamora uno a voluntad ni a voluntad torea".

"El estilo es también el toreo. (...) Se torea como se es".


Juan Belmonte, matador de toros, de Manuel Chaves Nogales (Ed. Libros del Asteroide)

En estos tiempos

"Ha prosperado en nuestro tiempo la más singular de las suposiciones: aquella según la cual, cuando las cosas van muy mal, necesitamos un hombre práctico. Sería más acertado decir que cuando las cosas van muy mal, necesitamos un hombre no práctico. Ciertamente, al menos, necesitamos un teórico. Un hombre práctico significa un hombre acostumbrado a la simple práctica diaria, a la manera en que las cosas funcionan normalmente. Cuando las cosas no funcionan, has de tener al pensador, el hombre que posea cierta doctrina sobre por qué no funcionan. Está bastante mal tocar el violín mientras arde Roma; pero está bastante bien estudiar la teoría hidráulica mientras arde Roma". 

G. K. Chesterton, "Se busca un hombre poco práctico", Lo que está mal en el mundo, Editorial Acantilado, 2008.

Descubriendo a Hidalgo Bayal

Muy a menudo la vida se construye al contragolpe.

A propósito del jaleo mediático en torno al litigio del poeta y catedrático García Montero con un colega del Departamento de Literatura de la Universidad de Granada, Enrique López, técnico de sonido en la radio y escritor, abominaba del ruido y la furia, de la cultura cuché, del griterío de patio de vecindad.

Bramaba en favor de esos autores ajenos a los rituales de la modernidad, de aquellos desconocidos que labran su obra a modo de tatuaje en el pecho, de los espaciados libros que nos inoculan su sabiduría en la hélice del adn.

.- ¡Gonzalo Hidalgo Bayal!

Y dibujó el nombre con tres trazos de la mano.

.- Paradoja del interventor, Campo de amapolas blancas.

Y relató con entusiasmo el poder de palabras hipnóticas.

.- Es profesor en un instituto de Plasencia. Casi nadie lo conoce. Nadie habla de él.

Pero el sábado siguiente lo entrevistó Babelia.

Y allí se da cuenta del blog de Hidalgo Bayal. Una maravilla lingüística y vital.

Luego, hoy mismo, he ido descubriendo que el autor se ha asomado esporádicamente a la actualidad, donde le integran en el grupo de exitosos escritores escondidos.  

Con lo necesitada de aire que está la literatura.

La tentación de Onetti

La tentación de Onetti

Acabar los días recostado en la cama, fumando, bebiendo whisky, leyendo novelas policíacas. Y adiós.

Aunque al cabo de los años venga Vargas Llosa a enredarlo todo con un ensayo sobre su antítesis: "Tú tienes con la literatura relaciones matrimoniales. Yo, adúlteras", le dijo el uruguayo. Don Mario habla de modernidad, de boom, de magisterio. Cuando aquel es abismo e infierno, la putrefacción de la naturaleza humana. La Vida breve, El astillero, Juntacadáveres, Cuando ya no importe.

En el "Acerca de" de este blog expuse la posibilidad, desechada, de renombrarlo como La vida breve, "homenaje a Onetti, tributo de juventud". De aquellos días arrastro (hasta la cama, como toda -a-ficción) este Decálogo más uno para escritores principiantes:

I.- No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

II.- No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

III.- No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.

IV.- No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa.
Ni siquiera en el lector hipotético.

V.- No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre
para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

VI.- No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

VII.- No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando
asomaron la nariz, hoy son genios.

VIII.- No olviden la frase, justamente famosa: dos más dos son cuatro; pero ¿y si fueran cinco?

IX.- No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

X.- Mientan siempre.

XI.- No olviden que Hemingway escribió: “Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela,
que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer.”

[He buscado sin fortuna la foto -juro haberla visto- en que Onetti aparece tumbado en la cama, posición que mantuvo prácticamente en los últimos cinco años de su vida. La imagen que reproduzco -bajada de internet, lamento no tener el nombre de su autor- también refleja ese desapego hacia un mundo al que ya no pertenecía, al que quizá nunca perteneció, al que nunca queremos pertenecer del todo. Hasta que la ficción se acaba. Y adiós].

El puño de la muerte

Relato de madrugada, de Joan Margarit

(...)

Se trata de un relato que es de Chéjov.
En él cae la nieve
y el coche es un carruaje con un viejo caballo.
Sé que el taxista no podrá dormir.
¿Y la muerte? ¿Está dentro del puño
que levanta la vida, o es el puño
en el que estamos encerrados?
En la historia de Chéjov, al cochero
le queda su caballo para poder contarle
que su hijo está muerto. De repente,
siento que todo está dentro de mí,
que el miedo ya está helándose,
y enciendo un fuego, y todos sentimos su calor,
el taxista, el cochero, tú que me estás leyendo,
yo, mis muertos y Chéjov, todos juntos
viendo caer la vida en soledad, como la nieve.
Un tren nocturno cruza, barnizado de rosa,
campos de olivos al alba.
Aquí acabo, cansado, somnoliento
y misteriosamente feliz, este poema.

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Bucle

CASIDA DE LA ALTA MADRUGADA

Cuando te acuerdes de mi cuerpo
y no puedas dormir
y te levantes medio desnuda
y camines a tientas por tus habitaciones
borracha de estupor y de rabia

en algún lugar de la Tierra
yo andaré insomne por algún pasillo
careciendo de ti toda la noche
oyéndote ulular muy lejos y escribiendo
estos versos degenerados.

ELOGIO DE LAS BESTIAS

¿Sabías que hay bestias mansas y leales
que cuando pierden su pareja
husmean el viento con hocico furioso
atacan   braman   reflexionan
se niegan   a   comer   y   giran   y   enloquecen?

"Las rubáiyátas de Horacio Martín"  1978

Félix Grande

La edición de aquel año respira en la estantería garabateada de poemas imposibles y dedicatorias inconclusas. Desde entonces, este libro es bálsamo en la ausencia y asidero en la melancolía. Regresa de vez en cuando para iluminar los espacios y amansar la fiebre. Todo empieza con Sísifo. 

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