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SOLLOÍNA

Tanto leé

González Ruiz, teólogo

Me apena la muerte del teólogo José María González Ruiz, a los 90 años, en Málaga, de cuya Catedral fue canónigo. Le conocí fugazmente en aquellos primeros congresos de Teología de los años 80, que reunía a lo más progresista del género: desde la Teología de la Liberación a Cristianos por el Socialismo, pasando por Justicia y Paz o la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC).
Joven estudiante de Periodismo, colaboraba en las tareas del Gabinete de Prensa, adonde llegué desde la redacción de Noticias Obreras, la revista de la HOAC. Allí comencé mi labor profesional. Siempre seguí con interés las decenas de artículos que González Ruiz publicó en El País durante la Transición Política. Unía delicadeza y sentido común a su talante abierto y comprometido con los avances sociales, pero sobre todo con los pobres y necesitados. Y desde su fe irrenunciable, “a pesar de todo”, como escribió alguna vez.
Fue el teólogo español más influyente del Concilio Vaticano II y su magisterio iluminó a miles de católicos en unas circunstancias políticas y sociales muy complicadas. Tendió puentes con los pensadores más reputados “en la búsqueda de elementos éticos humanizadores comunes al cristianismo y al marxismo”. Hoy todo aquello queda muy lejos, demasiado. No sólo para mi, cada vez más ajeno a la Iglesia Católica, sino para los propios creyentes y para el Vaticano. Este Papado ha laminado toda posibilidad de compromiso, liberación y renovación -desde los téologos comprometidos de Latinoamérica a los mejores estudiosos europeos, como Hans Kung-, a favor de los sectores más conservadores, representados por Opus Dei, Comunidades Neocatecumenales o Legionarios de Cristo. Una actitud que incluso ha facilitado la penetración de grupos protestantes en amplias zonas católicas de Sudamérica.
Cada vez son menos, como indican con pulcritud contable las encuestas; cada vez están más lejos de las preocupaciones sociales; cada vez están más vinculados a los poderosos. Todo lo contrario de lo que defendió con honradez y rigor González Ruiz. Seguro que descansa en paz.

Autocrítica

"La gente que habla con metáforas me restriega los bajos", dice Jack Nicolson en "Misión... imposible". Una frase que podría hacer las delicias del profesor Arcadi y consternar a mi buen amigo Roberto, el poeta-mago de Córdoba. Hay noches, como ésta, en que sirven de tónico. Como el Napoleón que me espera. O la "Negra espalda del tiempo", de Javier Marías, que utiliza ese inaprehensible verso de Shakespeare, y que comienza así, la novela: "Creo no haber confundido todavía nunca la ficción con la realidad, aunque sí las he mezclado en más de una ocasión como todo el mundo, no sólo los novelistas, no solo los escritores sino cuantos han relatado algo desde que empezó nuestro conocido tiempo, y en ese tiempo conocido nadie ha hecho otra cosa que contar y contar, o preparar y meditar un cuento, o maquinarlo". Salud y buenas noches. (Ah, Nicholson... ese sí que va pasado de solloína).

Autocrítica

"La gente que habla con metáforas me restriega los bajos", dice Jack Nicolson en "Misión... imposible". Una frase que podría hacer las delicias del profesor Arcadi y consternar a mi buen amigo Roberto, el poeta-mago de Córdoba. Hay noches, como ésta, en que sirven de tónico. Como el Napoleón que me espera. O la "Negra espalda del tiempo", de Javier Marías, que utiliza ese inaprehensible verso de Shakespeare, y que comienza así, la novela: "Creo no haber confundido todavía nunca la ficción con la realidad, aunque sí las he mezclado en más de una ocasión como todo el mundo, no sólo los novelistas, no solo los escritores sino cuantos han relatado algo desde que empezó nuestro conocido tiempo, y en ese tiempo conocido nadie ha hecho otra cosa que contar y contar, o preparar y meditar un cuento, o maquinarlo". Salud y buenas noches. (Ah, Nicholson... ese sí que va pasado de solloína).