Un cónclave lleno de incógnitas

En este complejo proceso, dicen que todo está en manos del Espíritu Santo. Pero por si acaso el todopoderoso cardenal Ratzinger, jefe de la ortodoxia, parece que ha preparado el camino al sucesor. Si no es él mismo el llamado a ocupar la silla de Pedro y, como reclaman tantos católicos, seguir las directrices de Juan Pablo II. El purpurado alemán ya impuso la ley del silencio a sus colegas y cuenta con un amplio respaldo, aunque también hay una notable resistencia a la continuidad y el rigor doctrinal que representa.
La Constitución Universi Dominici gregis también obliga a "mantener escrupulosamente el secreto sobre cualquier cosa que de algún modo tenga que ver con la elección del Romano Pontífice, o que por su naturaleza, durante la vacante de la Sede Apostólica, requiera el mismo secreto". El Vaticano ha utilizado la tecnología más avanzada para hacer cumplir este precepto y evitar que las deliberaciones del cónclave puedan ser divulgadas desde dentro o desde fuera.
Al menos les iluminarán las pinturas de la Capilla Sixtina. Buen sitio para meditar.
(Foto de Periodismo Global)
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