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SOLLOÍNA

Una bobada políticamente correcta

Una bobada políticamente correcta La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía nos tiene acostumbrados a ciertas rarezas. Como ese Plan Estratégico para la Cultura en Andalucía (PECA), que lo mejor que ofrece son las siglas y la posibilidad de reunir alguna vez a... ¡cuatrocientos intelectuales!. Al peso.

Pero como todo es superable, la consejería que dirige Rosa Torres ha presentado hoy un proyecto de investigación por el que las producciones del Centro Andaluz de Teatro (CAT) entre 2005 y 2008, unas dos o tres al año, serán estudiadas por un "Laboratorio para la igualdad". Se quiere evitar que las representaciones teatrales "afiancen el sexismo y el machismo como algo normal y aceptable".

Es una idea de Aurelia Martín, profesorea de Antropología Social y miembro del Instituto de Estudios de la Mujer y de Género de la Universidad de Granada. Sin duda, una persona inteligente y culta, pero capaz también de decir obviedades así: "En el mundo de las artes escénicas también se introducen modelos de género de manera inconsciente", lo que consideró importante por ser el teatro un "puente entre lo imagianrio y la realidad social".

Amenaza con estudiar no sólo las producciones del CAT, sino los textos dramáticos y el comportamiento de actores y público a la hora de asumir los roles masculinos y femeninos, así como los casting, la elección de actores o la presentación de currículos. Así se quiere combatir, al menos en el teatro público, las expresiones contrarias a los Derechos Humanos y "los valores cívicos sobre los que se sustenta nuestra convivencia", según el texto de la consejera leído en el acto, que defiende un teatro conectado con el futuro y que ayude a construir un mundo más habitable.

Podía comenzar por construir más bibliotecas, dotarlas de libros, facilitar el acceso a las nuevas tecnologías, elevar los niveles de la enseñanza, fomentar el aprendizaje de idiomas... Podía. En vez de acojonar a cualquier jovenzuelo que teclea una escena políticamente incorrecta a la sombra del Ministerio de la Verdad. O peor. Que modifiquen y manipulen un texto clásico, transgresor, revolucionario porque no cumple los principios inalienables del Laboratorio para la igualdad. Que vigila.

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