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SOLLOÍNA

Descubriendo a Hidalgo Bayal

Muy a menudo la vida se construye al contragolpe.

A propósito del jaleo mediático en torno al litigio del poeta y catedrático García Montero con un colega del Departamento de Literatura de la Universidad de Granada, Enrique López, técnico de sonido en la radio y escritor, abominaba del ruido y la furia, de la cultura cuché, del griterío de patio de vecindad.

Bramaba en favor de esos autores ajenos a los rituales de la modernidad, de aquellos desconocidos que labran su obra a modo de tatuaje en el pecho, de los espaciados libros que nos inoculan su sabiduría en la hélice del adn.

.- ¡Gonzalo Hidalgo Bayal!

Y dibujó el nombre con tres trazos de la mano.

.- Paradoja del interventor, Campo de amapolas blancas.

Y relató con entusiasmo el poder de palabras hipnóticas.

.- Es profesor en un instituto de Plasencia. Casi nadie lo conoce. Nadie habla de él.

Pero el sábado siguiente lo entrevistó Babelia.

Y allí se da cuenta del blog de Hidalgo Bayal. Una maravilla lingüística y vital.

Luego, hoy mismo, he ido descubriendo que el autor se ha asomado esporádicamente a la actualidad, donde le integran en el grupo de exitosos escritores escondidos.  

Con lo necesitada de aire que está la literatura.

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