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SOLLOÍNA

Del Soberao renacen las letras

Del Soberao renacen las letras

(Un grupo de vecinos ha editado y publicado "El Soberao. Revista Cultural de Los Palacios y Villafranca", continuadora de aquella que, bajo el patronazgo del Ateneo, alcanzó los 50 números hasta 1998. Tras unos meses de esforzado trabajo, fue presentada el pasado 15 de enero. Esta es la crónica del tesón de sus promotores, de sus objetivos, riesgos y esperanzas; también del agradecimiento a quienes retan las dificultades para avanzar hacia una sociedad más libre, creativa e ilustrada).

Por el ventanuco del soberao asoma una revista a la calle. Es heredera de aquella otra editada por el Ateneo de Los Palacios y Villafranca desde principios de la década de 1980 hasta 1998 y reaparece en esta segunda época con un atrevido número cero forjado en el ímpetu, el compromiso y el trabajo de Victoriano Rosal, presidente del Casino, quien se ha rodeado de un trío de jóvenes (Álvaro Benavides, Victoria Baquero y María del Rosario Moguer) miembros de esa pujante generación que, a unas buenas, garantiza un esperanzador porvenir a todos los que vivimos en este pueblo y, a unas malas, sufre en el paro la consideración de ser la más preparada de la historia de España.

Este Equipo de Coordinación, tan cauto que ha huido de la nomenclatura directiva, ha labrado sobre el duro salitre de la marisma, ha recabado la financiación de empresarios locales a cambio de modestos anuncios y ha movilizado a un notable grupo de colaboradores para ofrecernos una publicación elegante en su diseño, plural en sus perspectivas, atractiva en sus contenidos.

En la presentación, que tuvo lugar el martes 15 de enero en la peña flamenca El Pozo de las Penas, Victoriano insistió hasta en tres ocasiones en que también es "independiente", necesario aviso para navegantes en un acto en el que se echó de menos un poco más de calor institucional a una iniciativa de alto contenido cultural que emana de esa variopinta sociedad civil cuya movilización echamos de menos tanto como lamentamos su parálisis.

El editorial, bajo el reverdecido título de “Re-nacimiento. La necesidad de la Cultura en la sociedad”, precisa un ramillete de ambiciosos objetivos regeneracionistas e ilustrados: “La revista El Soberao re-nace, es rescatada con ganas e ilusión y su destino final es usted, joven o mayor ávido de saber cómo está el mundo, hacia dónde vamos o quiénes somos. La revista El Soberao está por encima de cualquier tendencia política, religiosa o credo. Por encima de todo aquello que no sea libertad de expresión o creación (…) Re-nace como motor cultural en Los Palacios y Villafranca, como medio de expresión cultural de esta tierra, que plasme sus inquietudes, sus valores y, como no podría ser de otro modo, su talento”. Y ello sin renunciar a su “vocación universal”. 

Para quien como yo publicó en los orígenes y colabora también ahora, es muy valeroso, por aventurado, el esfuerzo; quijotesco incluso, me confesaba Victoriano, apalancados ambos en sillas de enea en medio del bullicioso ambiente de la presentación, en la que alumbraban muchos jóvenes sobradamente preparados que igual tuvieron que preguntar a sus mayores por el significado de El Soberao, tan lejos les queda la costumbre del viejo desván desaparecido como la revista ahora recuperada.

Con su reposo bonachón y su socarronería de viejo marino, cuenta sus paseos nocturnos para recabar fondos con que financiar la impresión y cómo ha de  atemperar el ánimo febril de sus colaboradores que ansían una cadencia menor que la semestral establecida, tras recibir originales como para dar vida a otros dos números. Sabe que no puede engañarse en esta marejada traicionera sobre la continuidad del proyecto: La cultura ha sido la primera damnificada por la crisis en muchas instituciones y lugares, los negocios sobreviven sobre el filo puntiagudo de un alfiler como para sostener en solitario el coste y los autores alternamos la inspiración con las obligaciones para terminar las más de las veces como iba el elegíaco Miguel Hernández, “de su corazón a sus asuntos”. De aquel último número de 1998, el 50, a este ha pasado tanto tiempo, 14 años, que es mejor andarse con pies de plomo.

La tirada ha sido modesta, 300 ejemplares, que se distribuyen entre patrocinadores e interesados, pero sobre todo en los colegios, donde, a golpe de números y letras, han de germinar los espíritus inquietos, si las pizarras electrónicas, los teléfonos de última generación y los viodejuegos les dejan aprender de la luminosidad del flexo sobre la página, a solas.

En este Soberao la oquedad del número cero no es vacío, sino promesa para encontramos una entrevista con Miguel Roldán, intelectual lúcido y profundo a sus 81 años, un reportaje sobre la exposición madrileña del pintor norteamericano Edward Hopper, un estudio sobre la Searus levantada por los romanos a los pies de la Vía Augusta, poesías y artículos de literatura, arte, comic, historia.

Con la revista, los organizadores regalaron una rosa y un marca páginas con una cita. A mí me tocó la del pintor Franz Marc, uno de los fundadores del grupo expresionista alemán Der Blaue Reiter (El Jinete Azul). Es todo un tratado de intenciones: "En esta época de la gran lucha por un nuevo arte, combatimos como salvajes desorganizados contra un viejo poder establecido. La batalla parece desigual, pero los asuntos espirituales nunca se deciden por el número, sólo por el poder de las ideas". Ideas y apoyos necesarios para afrontar el reto de alcanzar el número 1, que, si los hados son propicios, aparecerá en julio y aliviará el rigor de las calores estivales.

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