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CASIDA DE LA ALTA MADRUGADA
Cuando te acuerdes de mi cuerpo
y no puedas dormir
y te levantes medio desnuda
y camines a tientas por tus habitaciones
borracha de estupor y de rabia
en algún lugar de la Tierra
yo andaré insomne por algún pasillo
careciendo de ti toda la noche
oyéndote ulular muy lejos y escribiendo
estos versos degenerados.
¿Sabías que hay bestias mansas y leales
que cuando pierden su pareja
husmean el viento con hocico furioso
atacan braman reflexionan
se niegan a comer y giran y enloquecen?
"Las rubáiyátas de Horacio Martín" 1978
La edición de aquel año respira en la estantería garabateada de poemas imposibles y dedicatorias inconclusas. Desde entonces, este libro es bálsamo en la ausencia y asidero en la melancolía. Regresa de vez en cuando para iluminar los espacios y amansar la fiebre. Todo empieza con Sísifo.
"El placer no es algo que se tome o se dé, sino una forma de darse y demandar la propia donacíón del otro. Nos entregamos mutuamente por completo".
"Ambos éramos hijos de la precariedad y del conflicto".
"El amor es la fascinación recíproca de dos personas en su aspecto más inefable, menos socializable y más reacio a los papeles y a las imágenes de sí mismos que la sociedad les impone, y a cualquier pertenencia cultural".
"Es imposible explicar filosóficamente por qué se ama y se quiere ser amado por tal persona precisa, con exclusión de todas las demás".
"Sin intuiciones ni afectos, no puede haber ni inteligencia ni sentido".
"Tenía la impresión de no haber vivido mi vida, de haberla siempre observado a distancia, de haber desarrollado una sola parte de mí mismo y de ser pobre como persona".
"Tú eres lo esencial sin lo cual todo lo demás, por importante que me parezca mientras estás ahí, pierde su sentido y su importancia".
"A menudo nos hemos dicho que, en el caso de tener una segunda vida, nos gustaría pasarla juntos".
André Gorz, Carta a D. Historia de un amor
¿Se imaginan a alguien publicando a los cuatro vientos que el trabajo de toda su vida ha sido un sinsentido? Seguro que no, masoquistas al margen. Tampoco lo hizo el pasado fin de semana Javier Marías en su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua, "Sobre la dificultad de contar" [El País, PDF], en el que defendió su labor de novelista en un apasionado alegato en favor de la ficción:
* [El novelista] "es el único facultado para contar cabalmente, a diferencia de los ya mencionados cronistas, historiadores, biógrafos, autobiógrafos, memorialistas, diaristas, testigos y demás esforzados de la narración abocados a fracasar".
* "Necesitamos saber algo enteramente de vez en cuando, para fijarlo en la memoria sin peligro de rectificación. Necesitamos que algo pueda contarse a veces de cabo a rabo e irreversiblemente sin limitaciones de zonas de sombra o sólo con aquellas que el creador decida que formen parte de su historia. Sin posibles correcciones ni añadidos ni supresiones ni desmentidos ni enmiendas. Y lo cierto es que sólo podemos contar así, cabalmente y con sus incontrovertibles principio y fin lo que nunca ha sucedido".
* "¿Por qué estamos familiarizados con seres que no han existido, en mucha mayor medida que con los que sí cruzaron el mundo y pudieron dejar su huella?" "Quizás sea eso lo más llamativo: que las figuras históricas parezcan borrarse y desaparecer para la gente en general a menos que un literato, o también hoy un cineasta, se molesten en imaginarlos y ficcionarlos".
He leído, y valorado, casi todo lo publicado por Marías –y antes por su mentor Juan Benet. Es uno de nuestros mejores novelistas y un sagaz columnista. Pero ahora mis inquietudes quedan lejos de la ficción, aunque el respeto juvenil me impida alcanzar la tarea de demolición de Arcadi Espada. La novelería no me sirve para entender este mundo. Ni siquiera para aproximarme más allá del frescor de la playa.
La sentencia más feroz contra "contar cabalmente... lo que nunca ha sucedido" la dicta el propio Espada al reproducir en su blog, con toda intención, un viejo artículo -"Un veneno infesta la literatura", en el que cita profusamente "Contra la imaginación", de Christophe Donner:
* “El escritor menosprecia la verdad y la hace pasar a un segundo plano, su trabajo principal consiste entonces en saber cómo no debe usar su libertad. Dicho de otro modo: qué estilo fabricarse. El mérito retrospectivo que se concede a las grandes obras no reside nunca en sus cualidades imitables, útiles para su arte, sino en la audacia que se reconoce a la mirada del artista sobre su época. Esta audacia, que tiene poco que ver con el estilo, contiene un ímpetu que puede venir de la irritación (Céline), o de una insumisión discreta, pasiva, como de un flirt con la neurosis (Kafka), pero es siempre en último término esta audacia inimitable la que determina la grandeza de estos escritores”.
* “La transcripción de lo real no es una obsesión estilística, y aún menos, la fuente de una corriente literaria, sino que se trata de la esencia misma del arte, del deber de la literatura. Porque es de nuestra existencia de la única que puede dudarse en el interior de lo real. Y el arte está incansablemente obligado a confirmar nuestra existencia allí. Se trata de un trabajo noble y sin fin”.
“Acabas de cumplir 82 años. Has encogido seis centímetros, no pesas más de cuarenta y cinco kilos y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta años que vivimos juntos; y te amo más que nunca.
(...) Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos
(...) Hace días te dije que había vuelto a enamorarme de ti. Y tu vida desbordante me hace feliz, abrazando tu cuerpo contra el mío”.
Son frases de Carta a D. Historia de un amor, que el filósofo y periodista André Gorz dedicó a Dorine, su esposa enferma. Ambos se suicidaron en 2007. Juan Pedro Quiñonero escribió un hermoso artículo en ABC. Octavi Martí publicó la necrológica en El País.
A mi me llega ahora el libro publicado por Paidós en una cuidada y preciosa colección, El arco de Ulises.
Editan también La feliz deseperanza, del filósofo André Comte-Sponville, quien afirma: "Se trata de preferir la vida tal cual es antes que esperar otra: sea otra vida después de la muerte, sea otra vida en este mundo". Fue la elección de Gorz y Dorine.
Mi hija (15 años, 4º de ESO) se propone escribir un artículo sobre cultura y adolescencia. Le alarmó que un compañero no supiera quien es Javier Bardem. Le he pasado un artículo de la selección semanal del NYT que publica El País los jueves. En "Los estadounidenses pierden su sed de conocimiento", Patricia Cohen cita a Susan Jacobi, autora de "La edad de la sinrazón estadounidense", para añadir:
"El anti-intelectualismo (la actitud de que "aprender demasiado puede ser peligroso") y el antirracionalismo ("la idea de que la prueba o el hecho no existe, sólo existe la opinión") se han fundido de una manera particularmente insidiosa. No sólo ignoran los ciudadanos conocimientos científicos, cívicos y culturales esenciales, dice [Jacobi], sino que además piensan que no tiene importancia. (...) Jacobi llega a la conclusión de que "aunque la gente pasa pasa cada vez más años en la escuela, no hay pruebas de que sepan más".
"La segunda vida tan breve y la posteridad de Carver estaban contenidas en la desolación de la primera, que es una desolación muy específica de la pobreza americana, la de la clase trabajadora blanca encallada en los márgenes de la escala laboral y del consumo sórdido, en los parques de caravanas y en las zonas de viviendas situadas entre los cruces de autopistas.
Hay que tener mucho cuidado con la mística de la mala vida como germen del talento. El de Raymond Carver sobrevivió a la bebida igual que pudo haber sido destruido por ella.
El reconocimiento público se otorgaba a alguien que era parcialmente un impostor. Pero quién no se siente así al recibir ciertos elogios; quién tiene el coraje necesario para negarse a aceptar algunas formas de admiración que intuye falsas o completamente equivocadas".
Retazos de una luminosa semblanza. Vidas de Carver (Antonio Muñoz Molina, Babelia, El País).

Ha muerto un poeta. Libre, comprometido, honesto, innovador.
"La poesía es forma y esa forma hay que aprenderla por la lectura", dijo.
De la escuela de "lo que pasa en la calle", como tantos otros de la Generación del 50, la ristra de autores bohemios, heridos por el hedor de la posguerra y amantes del buen vivir y del mejor gozar.
Su último libro "Otoño y otras luces" (2001) concluía con esta estrofa:
"Aquella luz que lo iluminaba todo
lo que en nuestro deseo se encendía
¿no volverá a brillar?"
La mejor necrológica es la difusión de su obra.
Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
!Mañana! Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.
PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ
Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...
(Foto, Efe, El Mundo)
Lo elogié aquí cuando obtuvo el Reina Sofía de Poesía. Ahora le reconocen con el Príncipe de Asturias.
Pero Juan Gelman es, sobre todo, nuestro. De los que le leemos, de quienes hemos seguido su dramática experiencia con la dictadura argentina, de quienes conocemos su compromiso y la pasión de su voz.
Límites
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?
Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran.
Ordeno con mimo los libros pendientes:
El mundo de las palabras, de Pinker,
El espejismo de Dios, de Dawkins,
Córdoba de los Omeyas, de Muñoz Molina,
El terrorismo y sus etiquetas, de Arcadi Espada.
Guardo para la primavera la trilogía de Marías, Tu rostro mañana.
Las estanterías resisten. Pero uno de estos días tendré que llevar a la biblioteca municipal las viejas novelas arrumbadas.
No por altruismo. Qué va. Si no por venganza.
Para que los jóvenes se pierdan en el magma literario hasta descubrir la realidad a dentelladas. Y que aprendan a explicar(se)la, a contar(se)la. Y si tienen coraje, traten de cambiarla.
"Pronto se me depara la evidencia de algo que, más que cualquiera otra circunstancia o razón, ha condicionado a una y a otra, a mi vida y a mi escritura. Hablo de la pobreza.
¿Deberé entender que existe y se valora una cultura que se genera precisamente en el interior de la necesidad y del cansancio y que conlleva rasgos de tipicidad, a la vez que existe y predomina una cultura que se desprende en modo natural de células familiares o sociales afortunadas, una cultura, esta segunda, que lleva consigo bibliotecas selectas, estudios avanzados y conocimiento numeroso de idiomas, pongo por ejemplo? Porque yo vengo de la penuria y del trabajo alienante. Mis fuentes, en lo que concierne al saber, a la vigilia de la sensibilidad y al acendramiento de la conciencia, son, permítaseme decirlo crudamente, de baja extracción. Tengo que pensar que sí, que existe un estado pasional del pensamiento nacido en la pobreza y servido por el infortunio; un algo que, de aquí en adelante, nombraré diciendo simplemente cultura de la pobreza, y que esta cultura es, de algún modo, diferenciable de la que prospera a partir de una situación privilegiada.
Dentro de esa cultura de la pobreza yo no soy más que un caso mínimo y ocasional. Mínimo, dentro del inmenso dolor planetario; ocasional, porque mi vida se ha hecho, finalmente, llevadera".
Extracto del discurso del poeta Antonio Gamoneda en la ceremonia de entrega del Premio Cervantes.
Amor Mi manera de amarte es sencilla: (Este poema lo publica hoy El País -de pago-, pero es tan bello).
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EDAD
Si yo fuera mayor,
Lo cual parece casi imposible,
Amaría los ríos limpios entre las aneas,
El arco de las truchas,
Las ocas paseando una tras otra por la orilla,
Bobas y solteras como señoritas puritanas,
La campana sonando lejana en la heredad,
Todo como lo viera alguna vez
En un paraje nórdico.
Y allí, bajo el árbol de la vida,
Sentarme a leer un libro hermoso,
Ya leído.
Pero sí, soy mayor
Y amo aun lo que apenas si recuerdo:
La madrugada alta y su ginebra,
La nuca que termina en rizo último
Entre mis dientes,
Despertar con el alba y con el miedo
De no saber quién duerme entre las sábanas,
La ola blanca y fría dejándome en el cuerpo
La escarcha de los chirstmas,
Su ventura augural del año nuevo.
Y a la mañana al sol, junto a la barca,
Leer el mismo libro de mis días.

El poeta antillano Derek Walcott, premio Nobel de Literatura 1992, inaugurará mañana la tercera edición de Cosmopoética, la cita literaria impulsada por el Ayuntamiento de Córdoba. [Ver programa .pdf]. Participarán uno 70 poetas y músicos [.pdf] de diferentes nacionalidades. A nuestros conocidos Caballero Bonald, Gamoneda, González y Prado, se unen los marroquíes Achaari y Akriff, la colombiana Bonnett, el estadounidense Strand o el italiano Cucchi. En la sección "Trovadores" actuarán Javier Krahe, Kiko Veneno o Amancio Prada.
"Mostrar la poesía al público, sin imponerla" puede ser el objetivo, junto a la campaña para que Córdoba sea designada Capital Cultural Europea en 2016. ¿Y para qué, me digo? Como fuere, la cita es motivo de fiesta y trasnoche. Pese a que Roberto, tan suyo, se queja de la excesiva presencia de las viejas vacas sagradas, de tantos de vuelta de todo y de lo mayores que nos vamos haciendo. No lo dice, pero lo piensa: la lectura a solas, la conversación y el roce, en hermosa compañía, las copas, en cualquier momento que el hígado lo permita. Un cosmopoético beso, truhán, que te esperan días inciertos.
Rindamos homenaje a Walcott, pues:
"Así como el pobre Tom dio su última corteza de pan a los pájaros
temblorosos,
así como junto a las cañas y a los fríos estanques bendijo John Clare a estos delgados músicos,
que las hormigas me enseñen de nuevo con largas hileras de palabras,
mi profesión y mi deber, la lección que tú enseñaste a tus hijos:
escribir acerca de la sobreabundancia de la luz sobre las cosas familiares,
que están a punto de traducirse a sí mismas en nuevas:
el cangrejo, el pájaro-fragata que planea sobre sus alas cruciformes
y ese árbol claveteado y coronado de espinas que abre sus reclinatorios
al mirlo que no ha olvidado a mi madre porque canta".

"Soy la peor persona del mundo para hacer un elogio de la lectura. Me gusta tanto que no comprendo que haya gente a quien no le guste. Exhortar a la lectura es como exhortar a probar el jamón de Jabugo, pruébelo usted y verá como le gusta".
"La lectura es mucho más poderosa que las armas. El libro es un instrumento de combate y de salvación".
"La lectura es algo más que un medio de acceso a la información y al conocimiento, es una forma de vida".
"Proust decía que la lectura es una amistad sin frivolidad y que la conversación era más superficial que la lectura".
Son frases de la intervención de Fernando Savater en el I Congreso Nacional de la Lectura, que concluyó ayer en Cáceres.
Luego vino el político y anuncio que hay que hacer del libro y la lectura "una cuestión de Estado". Ya lo habían pedido algunos editores, según la crónica de Rosa Mora en El País. Ellos a lo suyo, la publicidad, las ventas, los premios, las fotos. No las infraestructuras: buenas y bien dotadas bibliotecas, tecnología accesible, útil y a precios razonables, fáciles accesos a cualquier tipo de documentación. Y lo más importante: una enseñanza pública de calidad, que forme científicos humanistas y que fomente el gozo de la lectura, no su imposición. Cada cual descubrirá después "su propio paraíso", en palabras del filósofo vasco. Y los nuevos sistemas de comunicación y expresión que propicia Internet facilitarán la tarea de una creación compartida. Más allá, cuando no ajena, a eso que han dado en llamar "industria cultural".
Los europeos, más prácticos, quieren fomentar la democracia, el desarrollo social y la competitividad. Pero a los burócratas de la Unión, reunidos en Madrid para lo mismo: "Reimaginando la lectura", sólo les interesa la posibilidad de crear nuevas comisiones de estudio, programas transversales y estrategias globales.
Si ha de ser cierto, como dicen, que el libro pervivirá por su simpleza y fácil manejo, su principal amenaza es la interesada confluencia de los interesados en fomentarlo como tribunos desde sus acomodadas tribunas. Cuando sólo se trata de leer.

Hemos oído estos adjetivos en los últimos tiempos respecto a obras presentadas y galardonadas en sendos premios literarios españoles, esos sobre los que suele pesar la extraña y generalizada sospecha de que están dados, si no encargados. La gracia está en que son impresiones de miembros de los respectivos jurados. Es un paso más en lo que ya es una vieja y querida tradición de las letras hispanas. El paradigma es el Planeta, 601.000 euros, en el que los nombres de los galardonados han llegado a publicarse con varios días de antelación. Como los malos programas de televisión, este premio siempre ha buscado la polémica -publicidad gratuita al fin y al cabo- más allá de las cualidades de las novelas agraciadas. Así ha sido durante años, incluso con la presencia de destacadas celebridades en su jurado, y así se ha aceptado sin excesivos reparos morales. Pero los de esta edición limita con la genialidad o la estafa, aún no lo sé.
El caso es que un día antes de conocerse los premiados uno de los más ilustres miembros del jurado, el reputado Juan Marsé, que al parecer sustituía al fallecido Vázquez Montalbán, califica el nivel de calidad de las obras presentadas de "bajo", "subterráneo en algunos tramos". No parece una referencia muy elegante. Menos aún cuando tan significado escritor se enzarza en una desagradable disputa con los premiados -la mallorquina María de la Pau Janer (en la foto, Efe) y el peruano Jaime Bayly- en la rueda de prensa posterior al acto de entrega del galardón. Acabo de verlo en el Telediario 1 y ha sido de vergüenza ajena oir a Marsé, que obtuvo el premio en 1978 con Las muchachas de las bragas de oro, reprocharle a Janer que esté más preocupada por la vida literaria que por la literatura, a ésta justificar que aquel quiera comportarse como un enfant terrible, a aquel que el premio es una buena operación comercial, pero poco más, para dejar en el aire si será jurado en la próxima edición.Podía haberlo decidido antes y haberse evitado el sofoco y la imagen altanera y displicente. Podía haber dimitido y no ser cómplice de la pantomima que cada año es el Planeta. Podía haber criticado las novelas premiadas desde fuera, como literato o crítico, en vez de publicitar con esta bronca unos textos que él mismo ha calificado de pobres, cuando no subterráneos. No se lo merece la obra del propio Marsé, una de las cumbres de la literatura de posguerra.
Me ha recordado un sucedido similar, hace poco en otro galardón, que tuvo también como protagonista a otro autor de prestigio y de lugar preferente en mi biblioteca. Fue en el Premio de Novela Ciudad de Torrevieja, convocado por otra potente editorial, Plaza y Janés, concedido al historiador y periodista de la Cope, César Vidal, (no está en mi biblioteca). La sorprendente polémica saltó cuando el presidente del jurado, José Manuel Caballero Bonald, ddijo que no había votado a la obra ganadora, a la que calificó de "detestable ideológicamente hablando". También el magnífico escritor jerezano pudo haber dimitido a tiempo. En fin, que no se puede estar a todas ni a todos, aunque se llame Lara. Y la presencia de un gran autor en el jurado de uno de estos premios sólo sirve para avalar trabajos comerciales que rara vez tiene que ver la auténtica literatura.
El juego en que andamos
La cultura latinoamericana rinde hoy homenaje al escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, que falleció ayer en Asunción a los 87 años. Considerado el último gran realista de la generación del «boom» iberoamericano, Roa Bastos alcanzó la cumbre literaria con sus obras "Hijo de hombre" y, sobre todo, "Yo, el supremo". Publicadas en 1960 y 1974 respectivamente, entremezclan mito e historia, épica y lírica, español y guaraní, exilio y reino, Paraguay y América Latina.
Por fortuna -y por coherencia-, hay autores que no se pliegan al folclore cultural que promueven los medios de comunicación y permanecen ajenos a las tentaciones de los animadores de la cosa. El caso más paradigmático es el del escritor Rafael Sánchez Ferlosio. El último Premio Cervantes ha declinado la invitación cursada por el Círculo de Bellas Artes de Madrid para que inicie, como es tradicional desde hace ocho años, la lectura continuada del Quijote, que este año, el noveno, tiene un significado especial por coincidir con el IV centenario de su publicación. El director del Círculo, Juan Barja, ha explicado que el escritor "no ha considerado conveniente" participar en esta lectura del Quijote y que ha alegado "razones privadas" a través de un escrito para no asistir a la misma. Le sustituirá la directora de la Biblioteca de la Universidad de Colombo, en Sri Lanka, en recuerdo solidario con las poblaciones afectadas por el maremoto que asoló el sureste asiático.Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/