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SOLLOÍNA

Vascongadas

A vueltas con las Vascongadas, con las tensiones periféricas, con el silencio de los corderos, de tan dolorosas consecuencias en la historia de España. Los agnósticos del nacionalismo, como escribió Soledad Gallego-Díaz en El País, sólo aspiramos a que alguien plantee una organización óptima y permanente del Estado que nos permita vivir y respirar en paz, sin más sentimentalismos que el pago de impuestos y la construcción de escuelas y hospitales, entre otros servicios básicos. No es recomendable el vértigo de la montaña rusa en cuestiones na(z)ionales. (Domingo, 2 de enero 2005)
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