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SOLLOÍNA

Biblioteca

Limpieza de varios centenares de libros y revistas. Uno a uno. Trapo húmedo, trapo seco. La vida en papel por mis manos, la mía. Polvo eres y en polvo te convertirás. Por ahora, vale con un cansancio atroz. Pero como dice ella: Esto tiene que hacerlo uno; cualquiera puede tirar tu vida a la basura. Más por desconocimiento o falta de espacio que por mala intención, supongo. Pero es tan fácil tirar una vida, como que te la tiren.
Al cabo queda la memoria de un adolescente rural que se filtra por los lomos: Camp de l'arpa, El Viejo Topo, Ajoblanco, Triunfo, Estafeta Literaria, Cuadernos del Norte. ¿De dónde las sacaba, dios? Desplazarme en autostop a escondidas al instituto me daba ventaja económica; el resto era cosa de la amabilidad de los quiosqueros y de mis fugas a la capital. Ahora las desempolvo con esmero y lamento no haberlas leido con todo el provecho. También los libros me devuelven la resaca de los años: mucha novela, bastante poesía, ensayos políticos (ah, aquellas joyas del materialismo histórico, de la vía chilena al socialismo, del LSD), comunicación (el viejo/nuevo peridismo), nuevas tecnologías y antiguos terrores; literatura de viajes, guías de Turquía, Países del Este (de Europa, pero entonces sólo había un Este).
Las coincidencias felices: Marías/Marsé. Las rupturas políticas: García Márquez/ Vargas Llosa. Las pasiones juveniles: Cortázar y Rayuela/Onetti y La vida breve. Los genios: Kafka/Joyce. La palabra: Ferlosio/Benet.
Los siete tomos de Proust de aquel mercadillo. El boom latinoamericano con devoción infantil. Altivo benetiano, como rareza insultante: Saúl ante Samuel, aquel verano. Muñoz Molina, como camino. Sade, Miller, Nin, La sonrisa vertical, como anhelo.
El amor en verso: Los del 27, Féliz Grande, Gamoneda, Valente, Claudio Rodríguez, García Montero, Benítez Reyes, Goytisolo. Y otros.
Los subrayados temblorosos como tatuajes; las dedicatorias comprometidas como sueños.
El estudio, el aprendizaje, el trabajo: la comunicación, el periodismo, el mundo.
La vuelta sobre alas de papel. La mirada. Hojas de hierba.
Ella, la memoria. Ella, los ojos. Ella, la palabra.
Ella, que permanece. Porque ésto es cosa de uno, con su íntima mismidad.
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