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SOLLOÍNA

Biblioteca (II)

Ah, qué hermosas las estanterías ordenadas, con su prusiano orden alfabético, otra vez con su leve capita de polvo. Ah, pero yo he terminado, después de reencontrarme con aquello que una vez quise ser y que a lo mejor aún está en el camino.
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3 comentarios

Anónimo -

NADIE ES EL MISMO DESPUÉS DE LEER A LAUTREAMONT

Sterne -

La verdadera patria de un hombre es su biblioteca. Las palabras no tienen tiempo y las habitamos cuando corresponde o cuando el azar nos guía. Vamos a ellas tan solos como llegamos al mundo y tan solo como nos marcharemos.

Arcángel San Gabriel -

Las bibliotecas guardan ordenadamente los cadáveres de lo que nunca llegamos a ser. El polvo que protege los ataúdes es el nuestro; la ceniza que dejamos tras quemarnos un poco o completamente. Ningún libro merece la pena si no cambia la vida de quien lo lee. Luego se queda ahí, con su lomo observándonos el resto de nuestra vida. Nuestro ilustre invitado comprueba desde su anaquel si nos modificó la conducta o por el contrario conseguimos mantenernos intactos.
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