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SOLLOÍNA

Querida gripe:

Con la que está cayendo ahí fuera, agradezco que sólo me agreda este virus simpático y malnacido como un periodista en alza, mocoso y retador, ventajista y pendenciero, que me azota desde el amanecer a la oscuridad sin compasión. Porque ya lo saben mis conocidos: el verbo compasionar se lleva poco en España en los últimos milenios y de nuevo estamos a garrotazos por las miserias de la política y el poder, que es la vida misma y sus intereses y a ver quién manda aquí.

La que está cayendo cuando caen ya 30 años sin el dictador que algunos tanto añoran. Vuelven los curas, la ultraderecha henchida, cara al sol, la representatividad de los votos cuestionada por las fuerzas en la calle: el fascismo, las facturas de la democracia, un radiopredicador de pacotilla convertido en vocero de la España cañí, el mauser del abuelo engrasado por si vuelven los de entonces, la Patria descangallá y la izquierda timorata de siempre, más cabizbaja pese a sus mayorías.

El aire irrespirable para quienes no queremos trincheras ni dos Españas que nos hielen nada ni falsos profetas ni agoreros mentirosos. Pero sabemos, ah, lo sabemos, que no todos son iguales, que la verdad y la mentira no son equiparables, como tampoco lo son la manipulación y la veracidad, los hechos y las versiones. Por lo mismo que hoy le he dicho a mi querido amigo y colega MP que Pío Moa no puede tener 40 segundos en un programa de libros, al menos no como propaganda, no sin una replica adecuada y razonada. Porque fomentar la mentira de la historia y el guerracivilismo va en contra de los más elementales principios éticos de un  medio público, pese a que haya de tener cobijo en la muy altiva libertad de expresión. De la que siempre, al final, gozan los mismos.   

 

 

 

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