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Ciudadanos frente al nacionalismo

Ciudadanos frente al nacionalismo

Impulsado por un destacado grupos de intelectuales (Boadella, Félix de Azúa, Arcadi Espada, Francesc de Carreras), la mayoría procedente de la izquierda, hoy ha nacido oficialmente Ciudadanos de Cataluña, un partido antinacionalista, pero de ideología difusa, por ahora. Algunos de sus promotores optan por mantener la marca de centroizquierda ante la asunción por parte del PSC de los postulados identitarios de CiU y Esquerra. Otros sostienen planteamientos interclasistas e incluso afines el PP para intentar de aglutinar el voto de rechazo y descontento con el Cuatripartito del Estatut. Habrá que esperar a ver cómo se articula el programa de esta formación más allá de su radical oposición al establishment catalán gestado durante la Transición.  

Al margen del optimismo de los nuevos dirigentes, es de suponer (mi conocimiento de esa comunidad es limitado) que habrá preocupación entre los socialistas, algunos de cuyos mandos se han mostrado próximos a los planteamientos de Ciudadanos. Pero hay actitudes de Maragall y su gente que también levantan sarpullidos en amplios sectores del PSOE (la última, su referencia a la necesidad de poner límites a la solidaridad que tanto a ofuscado a su homólogo andaluz, Manuel Chaves, en plena negociación estatutaria). Un president que tantas expectativas ha quebrado en su todavía breve mandato. Unas veces, por las salidas de los independentistas; las más, por su propios vaivenes de nacionalista neoconfeso. ¡Qué hace una izquierda como tú en políticas como esas?

También desde Ciudadanos hay quien patina. Su cartel más popular, que ya rechaza ser candidatoa nada, Albert Boadella, estuvo muy arropado por la derecha patriótica, que jaleó sus gracias (del tipo: para mí es rechazable incluso el nacionalismo del PP catalán) en una reciente conferencia en Madrid. El director teatral le dijo a la reportera de "Noche Hache" (Cuatro) que, si la aventura sale mal y la vida se le hace insoportable en Cataluña, ya tiene un rincón escogido en la Toscana. Es el riesgo de los animosos intelectuales: que salen de la divina izquierda catalana y se quedan en el divismo. Incluso en el divismo nacionalista... español.

Si pudiera, yo también me reservaría un rinconcito en la Toscana. Hasta Costa Ballena puede valer, llegado el caso.

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