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SOLLOÍNA

ETA y nuestro laberinto

"Mientras esta ignominia no se rectifique [la posible reunión del PSE con Batasuna], entenderemos que el señor Rodríguez Zapatero desea arruinar toda posibilidad de entendimiento con el Partido Popular. En consecuencia, el Partido Popular, que no puede permanecer impasible ante hechos de esta naturaleza, rompe toda relación con el Gobierno del señor Rodríguez Zapatero, le retira el apoyo que venía prestándole y pondrá todo su empeño en que no se consume lo que consideramos un grave atentado contra el orden jurídico, la legalidad democrática, el Estado de Derecho y la seguridad de los españoles". Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular, en el Congreso de los Diputados.

Ha pedido a Rajoy que reconsidere sus palabras sobre la ruptura con el Gobierno y apele al restablecimiento de compromisos. "Afirmo que hay bases sólidas para abordar el proceso de paz, un proceso que nunca tendrá precio político, y quien lo afirme, mentirá". Ha asegurado que la reunión del PSE con Batasuna "no representa ningún precio político, ni vulnera ningún precepto jurídico". Ha criticado el "juego hipócrita" de Rajoy al anunciar ahora una ruptura con el Gobierno en un tema de Estado como es la lucha contra el terrorismo, cuando Aznar tuvo todo el apoyo de los socialistas, que propusieron el Pacto Antiterrorista. Ha afirmado que la obligación del presidente del Ejecutivo es "salvaguardar la libertad, la seguridad y la vida de los españoles". Ha recordado que la política para el fin de la violencia la dirige el Gobierno y ha convocado a todos los grupos parlamentarios a la "seriedad, lealtad, compromiso y generosidad". A cambio se ha comprometido a "mantener la dignidad del Estado de Derecho" durante el proceso de paz, así como a la "información" y la "transparencia". José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, en el Congreso de los Diputados.

En medio de la bronca impresentable de los dos partidos mayoritarios de la democracia española, Arnaldo Otegui se permite el lujo de recordar que él y otros dirigentes de Batasuna se reunieron en secreto con los enviados del Ejecutivo de Aznar durante la tregua de 1998. Sólo ETA y sus palmeros ganan en este combate de vacuas esencias y se pertrechan para lo que haya de venir. Al otro lado, los populares, con Rajoy al frente, han pasado del manoseo insufrible y manipulado del 11-M al disparate mentiroso de que el proyecto del Gobierno es el de una banda terrorista con la que ellos han negociado. Y en medio les ha dado tiempo de perder el debate del estado de la nación y de comprobar que el apoyo al PSOE no cede, pese -y quizá por eso- a una alocada y atosigante oposición, que volverá a la calle el próximo fin de semana, otra vez bajo el paraguas de una Asociación de Víctimas del Terrorismo dirigida por unos líderes de inquietudes políticas tan sospechosas como algunos de sus gestos.  

Y a un lado más, Zapatero y sus asesores y el PSE, que manejan las esperanzas de paz como si sólo ellos tuvieran la poción mágica, que ningunean al mismo líder del PP al que antes y después exigen lealtad y consenso y apoyo, que resucitan el oxímoron que respira en el lamentable sintagma izquierda abertzale ilegal, que exigen confianza ciega para subir a la alfombra mágica que nos conducirá a la felicísima pacificación como si fuésemos corderos amansados. Al menos cuentan el respaldo de la mayoría del Congreso para dar esos primeros pasos que requieren todo menos titubeos y disputas tabernarias. Porque la serpiente puede morder al menor descuido y hacen falta todas las voces y todas la manos. 

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