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SOLLOÍNA

El primer reportaje

Ese portento tecnológico-cultural que es Google y la fascinante hemeroteca de la edición impresa de El País me devuelven una emotiva reliquia: mi primer reportaje. En alguna carpeta del archivador de casa hay un recorte amarillento que reaparece ocasionalmente. Ahora viene para quedarse.

Fue un arduo trabajo del otoño del 82. Desde los tajos de la marisma a los despachos de la incipiente Junta de Andalucía. Por mi cuenta; o de freelance, que dicen los finos. De vuelta a Madrid y escritas las veintitantas páginas, llamé a la redacción de Economía de El País. Me citó y atendió luego Félix Monteira. Le gustó el título: "Las máquinas de la discordia". Habría que hacer algunos recortes, pero valía. Se publicó el domingo 14 de noviembre de 1982, en dos abigarradas páginas.

Estudiante de recursos limitados, semanas después volví a llamar, más por curiosidad que por convencimiento, para preguntar "si aquello se pagaba". ¡Joder, si se pagaba! Me remitieron a Administración y al poco tiempo me ingresaron 20.000 pesetas de las de entonces. De las de vivir dos meses en Madrid, pensión incluida.

No volví a colaborar con El País, ni lo intenté, y todavía me pregunto si fue por falta de arrojo -no conocía a nadie en aquella casa-, o de tiempo -ya trabajaba en una pequeña revista, tenía que estudiar y mantener la beca-. O por los vaivenes de aquel muchacho del Bajo Guadalquvir entre los efluvios de la movida madrileña. 

Años después, un destacado redactor del periódico me contó que aquel reportaje había creado problemas en Economía. Algún jefazo lo criticó por demasiado social y exigió más control. Pero yo ya tenía el recorte de mi historia. Ésta.

REPORTAJE

Las máquinas de la discordia

La recogida del algodón en el bajo Guadalquivir, marcada por la conflictividad

MANUEL SOLLO FERNANDEZ 14/11/1982

 

El bajo Guadalquivir se encuentra, de nuevo, en una situación explosiva. La progresiva mecanización -apoyada por las asociaciones agrarias, la Administración central y la Consejería de Agricultura del Gobierno andaluz- de la recolección de un cultivo básico para la comarca, el algodón, ha provocado un fuerte movimiento de protesta, promovido por Comisiones Obreras (CC OO) y el Sindicato Obrero del Campo (SOC), entre los casi 20.000 jornaleros que se benefician de la recogida a rnano. Los brotes aislados de violencia que han aparecido producen, una vez más, el temor de que el polvorín andaluz estalle, con imprevisibles consecuencias para la estabilidad democrática en España.

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