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SOLLOÍNA

No somos nadie

Te tumba una afección de garganta. Quizá unas décimas de fiebre.

El malestar se extiende por el sofá, como isla.

El monocorde runrún de la tele al fondo.

El ordenador tan cerca, en medio del mundo.

El tableteo de la memoria en la boca seca.

Cuatro coplas, varios libros, algunas películas.

Se balancean en el recuerdo, a tientas.

Traducir lo innombrable, lo perdido.

La casa tomada. El club de jazz. El juego de la Rayuela.

El eco, los ecos.

El implacable avance de los años.

El humo, la tos.

El sueño, el sueño, el sueño…

diciéndose que al fin y al cabo algún encuentro había, aunque no pudiera durar más que ese instante terriblemente dulce en el que lo mejor sin lugar a dudas hubiera sido inclinarse apenas hacia fuera y dejarse ir, paf se acabó”.

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