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SOLLOÍNA

Pionero

“Berlín, 20 de agosto (1937)

  

Tengo trabajo. Voy a trabajar para la Columbia Broadcasting System. Es decir, a condición de que... ¡Y menuda condición! Es una locura. Tengo trabajo si me suena bien la voz. Ahí está la trampa. Porque, ¿quién ha oído hablar jamás de un adulto sin pretensiones de ser un cantante o cualquier otra clase de artista, cuyo futuro laboral en un trabajo bien pagado e interesante dependa de su voz? Y la mía es terrible. No me cabe duda. Pero en esta situación me encuentro esta noche”.

William Shirer, Diario de Berlín.

Esta profunda solidaridad con Shirer, tan alucinado como agradecido cuando Ed Murrow, corresponsal en Londres, le ofreció trabajar en aquella radio incipiente como corresponsal extranjero en la capital alemana, donde se había quedado en paro. Esta voz terrible titubeante en la prueba oral de las oposiciones. El silencio. El desapego al micrófono. Las tareas de edición. Este trabajo bien pagado e interesante. Toda la vida.

Al margen de la anécdota, Diario de Berlín revela la extraordinaria lucidez de un periodista, acosado en medio de la locura nazi, para escribir a escondidas las impresiones y reflexiones que la censura le impedía narrar en sus milagrosas retransmisiones.

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