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SOLLOÍNA

Revuelo de togas

El juez Garzón tiene ya la excedencia para marcharse un tiempo a una universidad norteamericana y se va ajustando cuentas con lo divino y lo humano en un libro, cual Urdaci. "Un mundo sin miedo" titula. Pero ha hecho temblar a un puñado de compañeros de la Audiencia Nacional y otro puñado de políticos. La despedida no ha sido grata tampoco para él. El fiscal jefe de la Audiencia, Eduardo Fungairiño, le denuncia, sin éxito, por revelación de secretos de sumario. Ambos tienen viejas cuentas pendientes: desde el procesamiento de Pinochet, al que se opuso Fungairiño, al terrorismo islamista.
No parece placentera la vida en el principal órgano judicial de España. Tampoco resulta tranquilizadora para los ciudadanos. Muchos respiran aliviados porque Garzón se va, y se lleva su enorme ego. Pero algunos de los yoes que se quedan producen taquicardias.
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