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SOLLOÍNA

La respuesta a la amenaza terrorista

La retención de datos de comunicaciones telefónicas y electrónicas, el seguimiento de explosivos, el intercambio de información de los servicios de inteligencia y la radicalización y reclutamiento de terroristas. Es la agenda de hoy de los ministros europeos de seguridad, tras los atentados de Londres.

Las nuevas formas de comunicación e información -de blogs a fotos y videos con móviles y diminutas cámaras digitales- pueden morir de éxito en aras de mayores controles. Ahí parece estar el debate más intenso. A vueltas otra vez con la seguridad y la libertad. Cuando son conceptos tan próximos; más aún en tiempos de salvaje agresión terrorista.

Sobre el contenido de las normas, la discusión se centra sobre todo en el tipo de datos que deben quedar almacenados, el tiempo que deben guardarse, y quien pagará la cuenta.

Parece que, como casi siempre en Europa, cada cual la pia donde le duele. Más o menos como siempre. Hasta que le toca al remiso.
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1 comentario

Al-Duende -

Lo más alucinante del caso es que parece que los gobernantes europeos viven completamente de espaldas a las fuentes jurídicas de las que deberían sentirse orgullosos, y que dictaminan precisamente que libertad y seguridad son conceptos próximos. Es decir, en las fuentes del derecho europeo, la protección de la libertad no es una excusa para invertir en seguridad, sino que, antes bien, la promoción de la libertad por encima de culaquier otro bien es lo que determina la seguridad de un Estado de Derecho. A ser posible, social y laico. Es decir, es la promoción de los propios valores democráticos (detesto lo que dice, pero daría mi vida por defender su derecho a decirlo), lo que asegura la convivencia en un entorno en el que las actividades antidemocráticas están estigmatizadas desde el inicio, con una conciencia clara de preferencia de la libertad. Cuando son nuestros propios gobernanes los que, para combatir los males de las democracias occidentales, subvierten los valores que las han sustentad, entonces se quedan sin legitimidad teórica para amparar sus acciones de Gobierno. Es radicalmente complicado que haya que defender lo obvio: que no se puede defender la democracia recortando las libertades. Es como pretender cortar un solomillo eliminando la sierra del cuchillo porque puede cortar un dedo en una mala pasada. Pero nada, que no les entra en la cabeza, y andamos los ciudadanos corrientes y molientes con el filo de nuestro cuchillo rebajado. Debe ser por eso que comemos tan poco solomillo. Y que tenemos la libertad tan cortadita. Se cumplirá lo de Brech: "Luego vinieron a por mí, pero ya era demasiado tarde".
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