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SOLLOÍNA

"El delirio de la Verdad ofendida"

El diplomático Enrique Ojeda, director de la Fundación Tres Culturas, que promueven la Junta de Andalucía y el Reino de Marruecos para acercar a musulmanes, judíos y cristianos, afirma hoy en la edición andaluza de El País a propósito de las caricaturas de Mahoma:

"En primer lugar, desde la Fundación Tres Culturas expreso mi rechazo a la violencia, al inadmisible asalto a embajadas, a las amenazas a cooperantes daneses y noruegos. Expreso mi absoluto rechazo a esa violencia desproporcionada. También quiero señalar que si las viñetas se han hecho para insultar y vejar, que se cargue sobre ellas el peso de la ley. La libertad de expresión es un valor universal, pero es un valor universal que no es absoluto. Hace 30 años en la televisión española aparecían chistes sobre homosexuales que hoy no se admiten. Hay que ser conscientes de que en España tenemos un 2% de musulmanes que antes no estaban en este país".

La respuesta la tiene en el mismo periódico, unas páginas antes, en el magnífico artículo del filosofo italiano Paolo Flores D’Arcais, "Contras las nuevas santas alianzas", en el que establece la precisa frontera  entre el fanatismo y libertad de expresión. He aquí algunos párrafos:

"Una viñeta cuyo blanco sea Mahoma, o Moisés, o Jesús, o incluso Dios en primera persona (o simplemente el Padre Pío), siempre podrá ser vivida como impía por quien abraza la correspondiente fe religiosa. Una viñeta, pero también un escrito literario o filosófico, sea cual sea su registro argumentativo o estilístico. Salman Rushdie sigue viviendo amenazado por una fetua de muerte.  Mi libertad tiene sus límites en la tuya. Gran verdad. En tu libertad, no en tu susceptibilidad. Yo me mofo de tu fe, no te prohíbo el practicarla. Tú eres libre para mofarte de la mía, no para prohibirme la manifestación de mis convicciones, entre las que se cuenta la de considerar la religión como una superstición a la altura de la astrología, o del tarot (aunque más peligrosa, históricamente hablando) (...)

Si -en la democracia también- la verdad ofendida de lo sacro tuviera que ser tutelada a través de la censura, ello debiera ser válido para toda fe religiosa, y sus correspondientes idiosincrasias e hipersensibilidades. De los mormones a los Testigos de Jehová, pasando por los seguidores de Manitú, los eventuales seguidores de Dionisio y Mitra, o los católicos tradicionalistas que siguen insistiendo en lo del "pueblo deicida". Sin olvidar a los adeptos a la Cienciología, iglesia fundada por el escritor de ciencia-ficción L. R. Hubbard (Pero si es una secta de plagiados / plagiadores irracionales, se objeta. ¿Y bien? ¿Es acaso más racional predicar un Dios muerto en la cruz o un paraíso de inagotables vírgenes?) (...)

La última carta, para el demócrata que aspira a que Mahoma sea respetado incluso con la censura, es la del "respeto por la diferencia". ¿Quiénes somos nosotros, ilustrados occidentales, para...? Y el resto de la jaculatoria es bien conocida. Pero ¿qué "diferencia" se tutela de esa forma? Porque hay islamistas ofendidos, pero hay también islamistas que aspiran a la libertad de expresión. (...) ¿A qué "diversidad" se dirigirá nuestra solidaridad? ¿Al periodista disidente o al establishment que lo encarcela (y a las masas que eventualmente aplauden)?".

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