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SOLLOÍNA

OPA hostil

Hace años que pasé el sarampión de la izquierda irreductible, pero sigue sin gustarme el capitalismo. Ni siquiera bajo el paraguas benefactor de la socialdemocracia, pese a la ortodoxia de Solbes (Rato) Solbes. 

Reconozco que ningún otro sistema económico ha facilitado a sus ciudadanos estos niveles de prosperidad y bienestar. Desconozco si en algún momento de la historia las relaciones humano-laborales-mercantiles pudieron ser de otra manera.

El caso es que aquí estamos y me resulta tan divertido como inquietante este neoliberalismo estatalista en el que empresas de todo pelaje y condición pordiosean generosas subvenciones a los Estados de diverso pelaje y condición y los Gobiernos se pliegan a los intereses de poderosas corporaciones y limitan el campo de juego a conveniencia de los poderes con los que sintoniza (más si el tentáculo termina en el control de medios de comunicación).

He oido esta mañana que entre los 14 sectores estratégicos establecidos por el Gobierno francés -y, por tanto, inaccesibles al control de capitales extranjeros- figura el yogur. El comentarista se preguntaba con gracia qué está peor, si la flora intestinal de los galos o su economía.

Vulgar proteccionismo,

que se quejaría un liberal economicista mientras tramita otra remesa de ayudas públicas antes de deslocalizar el negocio hacia parajes más próperos.

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