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SOLLOÍNA

"Derechos" en precario

Hoy ha vuelto Enric González a su columna de El País, tras la nonata "Rodeados".

Derechos

"Visto lo que ha dado de sí en los últimos 10.000 años, el humano debería tener una opinión bastante matizada sobre sí mismo: somos capaces de lo mejor y de lo peor. En general, hacemos lo peor y soñamos lo mejor. La Constitución Española, por ejemplo, establece el derecho a la salud, la educación, el empleo o la vivienda. Luego la realidad es la que ustedes conocen. Otro ejemplo de nuestra intensa vida onírica es el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión". Ya ven.

Justamente ayer, el hoy en el que escribo, se celebró (es un decir) el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Se publicaron informes y comentarios, en general de tono apesadumbrado. Dicen que la crisis, la general y la de los medios, limita la libertad de prensa. Ignacio Sotelo considera que "cuando escasean los puestos de trabajo, las voces independientes bajan mucho de tono". Es posible.

Cuando se está en precario conviene establecer prioridades. Y, francamente, las opiniones no son ahora mismo un bien escaso. Lo que está en peligro, lo que debemos defender, es la información. Es decir, los cimientos de la prensa. Los periódicos nacieron para difundir noticias portuarias, comerciales y sociales, no para la batalla ideológica: eso llegó después. Necesitamos saber lo que hace el Gobierno, y eso nunca lo dirá ningún Gobierno; necesitamos disponer de datos fehacientes sobre la banca, las empresas, la justicia, el sistema sanitario, sobre los delincuentes que nunca pagarán su crimen y sobre los otros delincuentes, los que sólo pueden usar la violencia. Necesitamos datos. Necesitamos periodismo.

No se preocupen si un día echan en falta una opinión: tienen de sobra por ahí y, sobre todo, ya tienen ustedes la suya. Preocúpense por lo otro, por lo que nos hace realmente falta. Como decía Manuel Vázquez Montalbán, estamos rodeados. Falta por ver si este asedio acabará como Numancia o como Stalingrado".

Datos, sí, pero también opiniones como estas del propio Enric González, como las de Arcadi Espada o Soledad Gallego-Diaz, ahora tan lejos, como las de Savater, Muñoz Molina, Elvira Lindo, Vicente Verdú o Rosa Montero; como las de Almudena Grandes, García Montero o Javier Marías; como aquellas de Pla o Chaves Nogales. Opiniones que enseñen, que cuestionen, que alienten, que iluminen, que alerten, que abran caminos al conocimiento y que nos ayuden a indagar en las realidades de estos tiempos convulsos.

Y si un periodista como Enric González está en precario, imagínese cómo sobrevive el gremio: entre la honrosa fatalidad de lo inevitable (en Numancia) y el heroico resistiré de las víctimas de Vida y destino (en Stalingrado).

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4 comentarios

Anónimo -

Por cierto, sus insultos apenas me llegan o si lo hacen, vienen envueltos en una niebla de pétalos perfumados.
¿gen? ¿es usted como los antropólogos alemanes de principios de siglo XX?
Yo sólo creo en una raza, la humana. ¿Quiere usted pertenecer a ella o seguir en la catatonía?
Aquí una cuerda. Un amigo o un espejo. Como prefiera.

Anónimo -

MIRE: la tradición literaria española con más "pegada" es anónima.

Debemos reconocer que, a través de estas dos vertientes temporales de la poesía, el exceso del mal está presente en el mundo. Éste se verifica cuando se sobrepasa la pura estupidez humana -que causa graves daños, pero los provoca por incuria, por ineptitud, por negligencia, por fragilidad, por debilidad- y se llega a la planificación del mal hecha con cinismo y crueldad para disfrutar del mal ajeno, del aplastamiento del otro.
Piensa en ello, ya digo, después de leer en paralelo al "viejo" y al "neo".

Naturalmente, en el mundo se da también un exceso del bien. Éste se verifica en el momento el que se supera la estricta justicia (Bonald), el puro contrato paritario (quid pro quo)...Entonces se da con total gratitud, se da con pura pérdida -dando a quien no se lo merece, a quien nos es hostil-, superando las buenas maneras, el sentido común, la perpección corriente de la medida. Es la superación de las costumbres mundanas, pisotear toda convención, lo que podríamos llamar una "transgresión" pero sin el valor negativo del término.

Sin pesar. Sin remordimiento.
Con afecto.
r.

Uno mismo -

Me divierte que algún insigne colega (tal vez ese con ínfulas intelectualoides y venido a menos por galimatías empresariales y propios de los que soy totalmente ajeno) aproveche, desde el servidor de RTVE, en horario de trabajo, supongo, los comentarios anónimos que permite este blog para saldar sus muy miserables cuitas laborales en vez de hacerlo donde corresponde, en el tajo, de frente y por derecho, como el hombre que quiso ser. La bajeza moral le delata, bucle perfecto del gen que une a tantos hidalgos despechados, envidiosos y malolientes que pueblan este país. Por lo que me toca, seguiré allí y aquí con mis convicciones, sin ánimo de disputa, pero a cuerpo si hiciera falta.

sk -

sí, estamos rodeados de jilipollas, sobre todo en el trabajo.
Mira quien dice.
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