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SOLLOÍNA

38 toneladas

38 toneladas

"Me gustaría por prudencia y respeto a la profesionalidad del Museo Reina Sofía que esto se aclare. Seguro que se va a aclarar de alguna manera. Por lo menos es lo que quiero pensar. No quisiera entrar en valoraciones antes de que haya oportunidad de tales aclaraciones y se entienda qué ha pasado. Pero es sorprendente, una noticia muy llamativa. Por eso, y por ser el Reina Sofía el museo implicado en ello, toda la presunción de inocencia y toda la confianza de que habrá alguna explicación más o menos lógica a esta situación, que hoy por hoy nadie tenemos. Por el bien de todos cabe esperar y confiar en que todo se aclare. Yo, sinceramente, creo que tiene que ser así y no hay que entrar en conjeturas, que contribuyan al deterioro de la imagen del museo". Juan Ignacio Vidarte, director del Guggenheim de Bilbao.

En una tertulia radiofónica del sábado, un comisario de policía expresa su confianza en que sus compañeros de la división de Patrimonio encuentren pronto la estatuta desaparecida del Museo Reina Sofía de Madrid. Ninguno de los comentaristas entienden lo ocurrido. Yo tampoco. Claro que yo desconocía quién es Richard Serra, al que las crónicas conceden el crédito de uno de los artistas más relevantes del mundo. ¿O sería más correcto del momento, dada la alegría con la que el arte contemporáneo nos presenta a genios, en ciernes o consagrados, sin que se sepa muy bien por qué?

No será mi ignorancia la que califique el trabajo de Serra -ni el de tantos otros a los que no entiendo-. (Vean la escultura en la foto adjunta). Me queda algo de sentido común para mostrar mi asombro por la pérdida de una escultura de semejante artista,  de semejante tonelaje, 38.000 kilos -lo que supongo habrá impedido que alguien se la lleve enrrollada bajo el brazo-, de semejante coste, unos 36 millones de pesetas, tras 12 años almacenada por una empresa privada: con los ex directores del museo lanzando puñales; para preguntar en manos de quién están nuestros museos, de quién depende la vigilancia, conservación y mantenimiento de las obras. Si los que se supone que entienden no respetan su propio trabajo, cómo esperan respeto e interés de los que sólo esperamos aprender de sus conocimientos. ¿O es un grandilocuente camelo silenciado para mantener el negocio de un arte de mentirijillas?    

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