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SOLLOÍNA

(I) realidad nacional

Al fin somos una "realidad nacional". No me refiero a la posible denominación que nos reserva el nuevo Estatuto de Autonomía de Andalucía, respaldado de momento por PSOE e IU, sino a la atención que de pronto nuestra comunidad periférica ha suscitado en los más destacados medios españoles, entre lo más granado de los comunicadores, en cuanto tertuliano puebla nuestras ondas, digitales o analógicas, como objeto de debate o chanza -pero objeto, al fin. Pasados los furores del Estatuto catalán, podemos clamar con orgullosa esperanza: Señores, Andalucía también existe. Como el Sur de Serrat y Teruel. Estamos en el calendabro de la actualidad, en la vorágine mediática, en el pim pam pum partidista. Aunque la historia venga de meses. Aunque sea por una tontada insustancial que trae al pairo a la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Retrocedamos al Mayo francés: Bajo los adoquines no está la playa, sino algún socialista escondido. Angelitos. La fórmula Clavero (Arévalo, don Manuel, aquel ministro de UCD que repartió "café para todos" en los albores autonómicos y que dimitió en 1980 porque Andalucía no recibía el mismo trato que las comunidades consideradas históricas) convertida en la "trampa" Clavero, sobre la que el PSOE andaluz se abalanzó entre los arreones identitarios del nacionalismo del PA, secundado por una IU siempre a la última, y la España una, grande y libre del PP. La ingenuidad o la malicia -tanto da- llevó al partido del presidente Chaves a acoger la propuesta del catedrático sevillano en la confianza de que los populares no rechazarían a tan venerado y liberal profesor y de que los otros dos minúsculos partidos entenderían que no había tierra más allá de esa expresión, "realidad nacional", prima carnal de la "nación" reivindicada y preambulada por los catalanes, pese a que el noventaitantos por ciento de los vecinos de esta región quieren simplemente y como mucho ser "comunidad autónoma", aunque con los mismos derechos y deberes que el que más, léase Cataluña o País Vasco o lo que haya de venir.

 

 

Pero la realidad -nacional o no- es tozuda. Los andalucistas, a los que el PSOE ha llegado a acusar de buscar un pacto con Chaves a lo CiU/ZP, se han ido al monte: minoritarios, pero dignos. Y con cinco diputados dicen que o nación y todo lo demás o nada, con el afán de defender nuestra supuesta identidad mimetizándola con la política catalana. IU, con seis escaños, se aferra al acuerdo con el PSOE, ya confirmado en la ponencia parlamentaria, y teme que las tribulaciones del consenso y alguna artimaña socialista/popular la deje fuera de juego, modelo ERC, por lo que amenaza con el maquis institucional si hay retroceso. El popular Javier Arenas, campeón en las distancias cortas del requiebro que no ha dejado de obstaculizar el proceso de reforma, responde a la última propuesta de Chaves que sí, que negocia, pero pone encima de la mesa un decálogo de condiciones de cuando comenzó este asunto hace un puñado de meses para volver a empezar y retrasar los ya ajustados plazos si se quiere aprobar en esta legislatura, mientras sus palmeros mediáticos exigen la ruptura de lo que sospechan Frente Popular y denominan sin recato "un estatuto de izquierdas". NI rota ni roja la quieren.

En ese fino y alambicado alambre, da la sensación de que Chaves está tan incómodo como Alfonso Guerra y otros notables socialistas con tanta zarandaja nacionalista que menoscaba radicalmente otros logros gubernamentales y partidistas. Más todavía cuando puede sacar adelante por amplio consenso un estatuto con notables avances sociales y políticos respecto al actual y muy elogiado por amplias capas del vecindario andaluz. Eso sí interesa a los ciudadanos: la vivienda, el paro, el desarrollo, la salud, la educación, las infraestructuras. Y una norma general de convivencia que recoga una moderna relación de derechos y deberes en la que todos cumplan, que garantice financiación suficiente para atender las necesidades y mecanismos que eviten cualquier discriminación, que establezca una relación solidaria y afectiva con los demás territorios de ésto que fue llamado Las Españas. Esa es la mejor realidad nacional. Lo demás tiene mucho de mala literatura. 

 

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