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SOLLOÍNA

Un Papa de papel

Lo planteó en la mañana de ayer Iñaki Gabilondo a sus tertulianos en la Ser: La enorme incidencia de cuanto acontece en torno al Papa, hasta el punto de que incluso el muy británico Financial Times llevaba a portada la recuperación de Karol Woytila y dedicaba la foto principal a su traslado al Vaticano. Con la ayuda de Infoamérica, he revisado las primeras páginas de algunos de los periódicos más importantes del mundo. En la mayoría se repite la escena del Pontífice romano a bordo de un vehículo, en una nueva imagen conmovedora por el patetismo de contemplar a un venerable anciano manoseado de mala manera por unos acólitos desaprensivos. (¿Qué intereses impiden un relevo ordenado o una jubilación honrosa y bienganada?) La recogen, la imagen, diarios tan alejados como los norteamericanos Boston Globe, Los Angeles Times y USA Today, el canadiense Globe and Mail, el alemán Die Welt y prácticamente todos los iberoamericanos. Pero no lo hacen The New York Times y The Washington Post, ni Liberation o The Guardian, entre otros.
Sea como fuere, la figura de Woytila ha marcado el final del siglo XX. Su contribución fue fundamental en la caída del comunismo, aunque luego haya dado la impresión de cierto desencanto por el viraje pagano y materialista-capitalista de los antiguos satélites de la URSS que él esperaba fuentes de luz espiritual, comenzando por su amada Polonia natal. Su profundo conservadurismo ha impregnado todos los resortes de la Iglesia: ha laminado la Teología de la Liberación aún a riesgo de entregar a millones de fieles Latinoamericanos a los grupos protestantes y ha impulsado y respaldado los movimientos integristas, desde el Opus Dei a Legionarios de Cristo o Comunidades Neocatecumenales. Su ortodoxia moral raya la inhumanidad cuando prohíbe el uso del preservativo para combatir el sida en lugares como África, donde el VIH mata a millones de seres. Pero ha preferido el alejamiento de la inmensa mayoría social a retroceder tanto en este asunto como en otros de índole sexual y moral. A cierta inquietud social –una denuncia leve de los desmanes capitalistas, más por su economicismo laico que por su injusticia laboral-, no le ha acompañado la piedad ni el respeto hacia nuevas formas de vida y convivencia.
Guste más o menos. Desde la fe o desde la política. Este Papa se yergue como una figura clave de la historia contemporánea. Ahora, los vaticanólogos indagan en los posos del café de una estructura clerical tan cerrada para intuir los designios divinos sobre el próximo Pontífice. Los nombramientos de cardenales en los últimos años dan una enorme ventaja a los integristas, en la estela del inefable y, según él mismo, infalible Ratzinger. Pero la Iglesia ha demostrado que esa imperfecta democracia a su manera puede deparar sorpresas. Que le pregunten a Rouco.

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