Los peligros de la norma

La gravedad de la situación obligó a Newsweek a revisar su proceso informativo y entonces la "fuente del Gobierno bien informada" no ratificó su versión y esparció dudas sobre la veracidad de lo ya publicado. La revista se retracta, pero su director, Mark Whitaker, explica que "todo el mundo se comportó profesionalmente y siguiendo estrictamente las normas". No hubo comportamiento contrario a la ética, invenciones o descuidos. No se tomarán medidas disciplinarias. Eso sí, extiende su pésame a las víctimas de la violencia y a los soldados. Algunos no podrán darle las gracias.
Isikoff, ya popular por destapar el caso Clinton-Mónica Lewinsky, se parapeta en que "ni Newsweek ni el Pentágono previeron que una referencia a la profanación del Corán fuera a crear el tipo de respuesta que tuvo, las posibles ramificaciones". La Casa Blanca considera insuficientes las disculpas. The Wall Street Journal atribuye el error a la desconfianza de los medios de comunicación con los militares a causa de lo que califica el síndrome de Vietnam y recuerda que quienes critican el uso de fuentes anónimas dicen que se abusa de ello para ocultar la pereza de un periodista, su opinión o incluso sus invenciones. (A cada cual peor).
El caso Newsweek se suma a otros sonoros escándalos relacionados con prestigiosos periodistas. La estrella de la televisión CBS News, Dan Rather, adelantó su retirada al ofrecer informaciones erróneas sobre el servicio militar del presidente Bush en plena campaña electoral. Ha sido uno de los más sonados, pero el goteo es constante y la credibilidad de los medios cae imparable. Tanto que un reciente informe de la Universidad de Connecticut revela que seis de cada diez encuestados aseguran que la cobertura informativa es tendenciosa. El 53% considera inadmisible el uso de fuentes anónimas, que para muchos profesionales es clave para desvelar tramas ocultas. Más grave aún: el 22 % de los ciudadanos está a favor de que el Gobierno censure a los medios.
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