Blogia
SOLLOÍNA

Chollito

... Y tantos

Hoy es mi cumpleaños. Parecen muchos. Demasiados. Algunos ya crujen por dentro. Pero aún espero que quede por vivir.

Porque permanece el deseo.

Porque hay suficientes dudas como para aprender.

Porque esta jodida profesión siempre tiene cosas que contar, pese a todo.

Porque los achaques son tan variados y constantes que recuerdan al segundo la fugacidad de la vida.

Porque esta madurez tiembla como un niño a veces.

Porque todavía aspiro a cumplir 70, beberme una botella de coñá al caer la tarde sobre Costa Ballena o Manhattan y escribir un "Manual de infractores", como el  de Caballero Bonald, o un "Cuaderno de Nueva York", como el de José Hierro, y despedir los días con un soneto así:

VIDA

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito "¡Todo!", y el eco dice "¡Nada!".
Grito "¡Nada!", y el eco dice "¡Todo!".
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

José Hierro ("Cuaderno de Nueva York")   

Aviso y disculpas

Blogia, el servidor -¿se dice así, no?- que tan amable y gratuitamente aloja este blog, ha incorporado una nueva beta de edición, y yo, analfabeto informático, he de avituarme a ella. De ahí el baile de tipos de letras, la ausencia de enlaces y otros deslices similares.

Prometo mejorarlo.

Modificado 13-10-05

Me comí el "avituarme", como bien me regaña la autora (el "cosita" la delata) del comentario. Gracias, cosita.

Como castigo, cien veces: HA BI TUAR ME 

Regreso al pasado

Intentamos volver. Poco a poco. Sin necesidad de naufragar. Pero el panorama -desde el puente- es desolador.

Uno, con modestia, se replantea la vida pequeña, como pequeño es uno, para concluir que todo sigue igual y preguntarse por qué un blog, un artículo, una información; por qué una opinión, otra más, en las procelosas aguas de Internet. Con estas enormes limitaciones técnicas -y mentales-. Cuando el periodismo ahora es más aduana que frontera.

Ah, expresarse, dice el gesto.

¿Qué vence entonces: el arrebato o el cansancio, la pereza o la ira, los quehaceres alimenticios o los insomnes quehaceres?

Aquí estamos. Lo que queda del día será nuestro.

Y

Y también...

VA CA CIO NES

VA CA CIO NES "Sefiní"

basta por esta noche cierro
la puerta me pongo
el saco guardo
los papelitos donde
no hago sino hablar de ti
mentir sobre tu paradero
cuerpo que me has de temblar

(Juan Gelman)

Hasta mediados de agosto. Que nos vaya bonito.
Estaré perdido en una isla desierta.
Bajo la piedra que está debajo del lagarto.

Pañuelos

...En el fondo de un cajón, un paquete de pañuelos perfumados, aún...

Y el perro de Paulov devora la magdalena de Proust.

Homenaje

Magullada y dolorida, aún se ríe en la cama del hospital, con el suero como estilete vital y olos ojos vivarachos y decididos. Cuenta lo que es sobrevivir, emocionada y convencida, tras un choque accidental con un joven desgraciado que volaba a 160 Km/h en una curva equivocada y que no podrá relatarlo.

Aprieta la mano y recuerda con entereza: "Miré a mi hijo, que se movía y me dijo: te quiero mamá. Miré a mi marido, que respiraba. Moví las manos y las piernas sin excesivos problemas. Pensé nos hemos salvado. Ahora tenemos que salir adelante".

Y ahí está. Adelante. Dándonos vida a cuantos -muchos- vamos a verla para acompañarla, sí, y escucharle decir que hoy oirá por la radio, su radio, el debate parlamentario sobre el Estado de la Comunidad Andaluza, como en la UCI siguió las elecciones gallegas en un pequeño transistor; aunque quizá no pueda, porque esta mañana la operan de un brazo, se lamenta. La primera intervención de las que han de venir. Qué bueno. Nos operan. Estamos vivos.

Los demás vamos a verla para acompañarla, sí. Pero también para que nos devuelva el viejo sabor de la vida y la lucha y la esperanza. Adelante, cielo, adelante.

La huida

Ha sido una semana dura, triste, tortuosa -del grave accidente de unos compañeros a los misterios de la cardiología y la alergología y sus empatías, obviando otras cuestiones más triviales pero también dolorosas, cuyo silencio algún colega me ha reprochado con humor-.

Siete días como siete zarpazos. Así que me largo a la playa, bajo el paraguas de Jorge Drexler:

"Estás conmigo / estamos cantando a la sombra de nuestra parra / una canción que dice que uno sólo conserva lo que no amarra / y sin tenerte, te tengo a vos y tengo a mi guitarra / hay tantas cosas / yo sólo preciso dos:/ mi guitarra y vos / mi guitarra y vos".

Os dejo, pues, con la manifestación contra el matrimonio homesexual y los 500.000 hijos de San Luis que amenazan con rescatarnos del infierno; con las elecciones gallegas y la esperanza de que cuando regrese el domingo el dinosaurio ya no esté allí; con el mercantilismo europeo que fortalece todos los noes. Y ya que voy a Rota, espero que los vecinos del Cádiz suban a la primera división de fútbol después de 28 años.

Lo canta Jorgito:

"Sobre todo creo que
no todo está perdido
Tanta lágrima, tanta lágrima
y yo, soy un vaso vacío.

En esta orilla del mundo
lo que no es presa es baldío
Creo que he visto una luz
al otro lado del río".

... Allá voy.

La sonoridad azul del universo

La sonoridad azul del universo A ella le gustan el universo y las palabras hermosas.

Hace algún tiempo me envió esta dirección sobre Noticias del Cosmos. Para periodistas inquietos, dijo.

Poco después, ésta otra, sobre Las 50 palabras más hermosas del español, lindo texto, con este mensaje:

"Me gustan algunas largas como "sonoridad" (existe, lo he comprobado) y algunas cortas como "azul", y si las sumamos "sonoridad azul"...casi un poema.

Otro regalo, qué quieres, hoy estoy generosa".


Generosa en la palabra beso que como una utopía enciende la candela de los misterios reflejados en el azulejo del sueño.

Palabras entretejidas en la espera del sexo. Ay. Generoso en el deseo. Eo eo eo.

Puenting

Puenting (Cuando uno se pierde en un breve fin de semana y al cabo se encuentra en el mismo sitio del que partirá mañana hacia el trabajo se le ocurren historias como ésta... Casi que yo no he sido)

La memoria de este mar que en días claros me aproxima a la Estatua de la Libertad.
Dinosaurio dormido en el vientre de la ballena.
La arena fría destilada en los cuerpos aún blancos, inalcanzables.
Acariciar la tarde que descansa en llamas sobre el horizonte.
El deseo...

El recuerdo diluido en la cárcel de dos horas de atasco.
Olor a diesel en la mirada.
Las infraestructuras del sueño en un trazo de Calatrava.

Al aire, en la mano que mece la cometa.
El mar, la mar.
Como esperanza en esta tierra de Alberti.
Hasta el próximo fin de semana.

Nocturno

Nocturno "Como cuerpos bellos de muertos que no han envejecido
y los encerraron, con lágrimas, en una tumba espléndida
----con rosas en la cabeza y en los pies jazmines----,
así parecen los deseos que pasaron
sin cumplirse; sin que ninguno mereciera
una noche de placer, o un alba luminosa".

Konstantino Kavafis

(Vía Juan Pedro Quiñonero, Una temporada en el infierno)

Un Holter en el corazón

Un Holter en el corazón Por gentileza del Servicio Andaluz de Salud, un Holter de última generación me registra desde media tarde de ayer y de forma continua durante 24 horas la frecuencia y el ritmo cardíaco. Añade esta web del Instituto del Corazón de Texas: "El monitor Holter puede registrar la frecuencia y el ritmo cardíaco en el momento en que el paciente siente dolor en el pecho o tiene síntomas de latidos irregulares (lo que se denomina «arritmia»). El médico puede imprimir los datos correspondientes a la hora en que el paciente sintió los síntomas. La lectura de estos datos le permite al médico determinar la naturaleza del problema cardíaco del paciente".
Latidos irregulares explica el galeno sin precisar. ¿Leerá el Holter la languidez de la astenia primaveral azucarada por el olor de los azahares? ¿Descifrará la esperanza o la congoja en el día que declina? ¿La fría memoria del bisturí que espera o el cálido despertar de los sueños compartidos? ¿Anotará acaso este artilugio que serpetea cables sobre mi pecho el (desa) sosiego del amor y la muerte en el temblor de las manos, el sesgo de la mirada, la apaciguada furia de la palpitación? Bradicardia sinusual congética dirá el cardiólogo otra vez. Como si nada. Y las preguntas se irán con el mar del verano. Sin respuestas. Como siempre.

"Another woman"

Una mujer (otra) me dice "intenso". Como elogio o reproche. No sé. Sólo es un trámite burocrático. Que me lleva, inconsciente, al drama bergmaniano de Woody Allen. Y el perro de Paulov olfatea, ladra, araña las vísceras de la memoria.

Caminante

Profunda, misteriosa, indagadora madrugá bajo la luz tibia de la luna llena tras un sueño imposible en el que habitan dudas, sombras, esperanzas. Y cansancio, mucho cansancio. Tanto como para ansiar el mar de los naufragios, hacia el que parto sin demora.

Biblioteca (II)

Ah, qué hermosas las estanterías ordenadas, con su prusiano orden alfabético, otra vez con su leve capita de polvo. Ah, pero yo he terminado, después de reencontrarme con aquello que una vez quise ser y que a lo mejor aún está en el camino.

Biblioteca

Limpieza de varios centenares de libros y revistas. Uno a uno. Trapo húmedo, trapo seco. La vida en papel por mis manos, la mía. Polvo eres y en polvo te convertirás. Por ahora, vale con un cansancio atroz. Pero como dice ella: Esto tiene que hacerlo uno; cualquiera puede tirar tu vida a la basura. Más por desconocimiento o falta de espacio que por mala intención, supongo. Pero es tan fácil tirar una vida, como que te la tiren.
Al cabo queda la memoria de un adolescente rural que se filtra por los lomos: Camp de l'arpa, El Viejo Topo, Ajoblanco, Triunfo, Estafeta Literaria, Cuadernos del Norte. ¿De dónde las sacaba, dios? Desplazarme en autostop a escondidas al instituto me daba ventaja económica; el resto era cosa de la amabilidad de los quiosqueros y de mis fugas a la capital. Ahora las desempolvo con esmero y lamento no haberlas leido con todo el provecho. También los libros me devuelven la resaca de los años: mucha novela, bastante poesía, ensayos políticos (ah, aquellas joyas del materialismo histórico, de la vía chilena al socialismo, del LSD), comunicación (el viejo/nuevo peridismo), nuevas tecnologías y antiguos terrores; literatura de viajes, guías de Turquía, Países del Este (de Europa, pero entonces sólo había un Este).
Las coincidencias felices: Marías/Marsé. Las rupturas políticas: García Márquez/ Vargas Llosa. Las pasiones juveniles: Cortázar y Rayuela/Onetti y La vida breve. Los genios: Kafka/Joyce. La palabra: Ferlosio/Benet.
Los siete tomos de Proust de aquel mercadillo. El boom latinoamericano con devoción infantil. Altivo benetiano, como rareza insultante: Saúl ante Samuel, aquel verano. Muñoz Molina, como camino. Sade, Miller, Nin, La sonrisa vertical, como anhelo.
El amor en verso: Los del 27, Féliz Grande, Gamoneda, Valente, Claudio Rodríguez, García Montero, Benítez Reyes, Goytisolo. Y otros.
Los subrayados temblorosos como tatuajes; las dedicatorias comprometidas como sueños.
El estudio, el aprendizaje, el trabajo: la comunicación, el periodismo, el mundo.
La vuelta sobre alas de papel. La mirada. Hojas de hierba.
Ella, la memoria. Ella, los ojos. Ella, la palabra.
Ella, que permanece. Porque ésto es cosa de uno, con su íntima mismidad.

Sencilla alegría

Frío en la mañana de Sevilla. El sol tibio desvela la Plaza de España, hermosa en sus contraluces. Un grupo de japoneses despliega su unísono repertorio de cámaras y ohes. Vecinos que corren por el Parque de María Luisa ensombrecido y fresco. Hay quien despide la noche -oh, la noche, con sus panteras de medias de nailon- y quien ya carga con una grabadora al hombro con el ilusorio encargo de atrapar una realidad ajena e inútil. Al menos para vivir. La luz tenue, el cielo recién pintado. Coches a sus tareas, ruidos atenuados. Café en el Bar Citroen. Bullicio matinal en el zoco. Citas cumplidas entre jóvenes con mochila. Gente que sonríe, que se abriga, que busca los rescoldos soleados en la leve claridad. Quehaceres dominicales. Los ojos del asombro asomados a la ciudad ensimismada. El mundo parece otra cosa. Como si girara distinto. Hasta que el taxista vuela por la calle solitaria, sin motivo. Tiempo y frío es lo que sobra, y sombras. Cuántas sombras caben en una mañana de domingo. Luego algunos colegas debaten sobre los decires políticos con vehemencia y credulidad. Esperamos que un prócer ejerza su derecho al voto. Y en la espera, el sol calienta al fin, como si descendiera del árbol ensortijado la luz y el calor.

Cursi(va)

Hoy es el día de los enamorados. Una debilidad, permitídmelo.
Ya sé, se trata de un invento de los grandes almacenes; el amor se expresa y comparte cada día, etcétera. Quizá por eso sólo lo encontraremos en las páginas de publicidad, como venta. En los programas de cotilleo donde la basura se edulcora con pasiones oscuras. Lo peor es que son los comerciantes de una u otra laya los que vienen a recordárnoslo, desde su manoseo mercantil.
Pero si convenimos en que el periodismo es el relato de hechos inéditos, es difícil explicarse que este día no figure en la portada de los grandes diarios, que no aparezca en la apertura de los noticiarios como un elemento extraño y atrayente. Ah, el amor, tan fuera del mundo. Porque ya Gomis nos dice que noticia es también, y sobre todo, aquello que se comenta. Y nada como el amor se comenta tanto en esta jornada teñida de lunes, y de flores y de deseos, a veces próximos, a veces imposibles.
Así que rindamos un modesto homenaje a aquel/la que tiembla esta mañana en el patio del instituto a la espera de una rosa; que espera en el trabajo o en la casa un perfume o un libro o una canción, como una esperanza. Que no se fugen los soles sin el robo de una mirada, que la ausencia no sea carcoma sino memoria deseada, que pueda ser posible, a pesar de todo.
Para ellos y ellas esta copla hermosa.

Más que nadie

(Luis Cernuda - Joan Manuel Serrat)


Que te quiero más que a nadie y más que a nada,
te lo he dicho con mis ojos centinelas,
te lo he dicho con mis manos que te celan,
te lo he dicho con mi lengua enamorada.

Que te quiero más que a cualquier otra cosa
te lo he dicho con el sol y los cometas,
te lo he dicho con el viento y la veleta,
te lo he dicho con el agua luminosa.

Que te quiero, te quiero, mujer.
Que te quiero y no hay nada que hacer.

Que te quiero sobre todas las mujeres,
te lo he dicho con el pan de cada día,
te lo he dicho con el miedo y la alegría,
con el tedio que nos mata y que nos muere.

Que te quiero como nunca te han querido,
te lo he dicho recreándome en la suerte,
más allá de la vida con la muerte,
más allá del amor con el olvido.

Que te quiero, te quiero, mujer.
Que te quiero y no hay nada que hacer.

Mas que a nadie y más que a nada.

Carnaval

Regreso de Costa Ballena

De nuevo el pequeño y desordenado despacho: los montones de libros (tantos por leer), las fotocopias, los recortes. Antes, el atasco, el atarcedecer a la espalda donde queda el mar, la mirada perdida de la mañana: esos inmensos aviones norteamericanos suspendidos sobre la base militar y el perfil extendido de Rota, a un lado; al otro, la desembocadura del Guadalquivir y la bruma de Doñana. Arriba, bandadas de aves que rasgan el azul hacia su cobijo. En torno, aún los ecos del Carnaval (chiquito y divertido, en Chipiona): tambores, coplas, bailes, entre máscaras luminosas que ocultan, seducen e insinuan. Ser otro en ese rastro de alcohol que te brilla en los ojos con el ropaje de la madrugada cubriendo los sueños. Otro, que tanto se parece a ti mismo, desnudo ya de disfraz.

Carnaval

Regreso de Costa Ballena

De nuevo el pequeño y desordenado despacho: los montones de libros (tantos por leer), las fotocopias, los recortes. Antes, el atasco, el atarcedecer a la espalda donde queda el mar, la mirada perdida de la mañana: esos inmensos aviones norteamericanos suspendidos sobre la base militar y el perfil extendido de Rota, a un lado; al otro, la desembocadura del Guadalquivir y la bruma de Doñana. Arriba, bandadas de aves que rasgan el azul hacia su cobijo. En torno, aún los ecos del Carnaval (chiquito y divertido, en Chipiona): tambores, coplas, bailes, entre máscaras luminosas que ocultan, seducen e insinuan. Ser otro en ese rastro de alcohol que te brilla en los ojos con el ropaje de la madrugada cubriendo los sueños. Otro, que tanto se parece a ti mismo, desnudo ya de disfraz.