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SOLLOÍNA

Patria

Patria

Y uno de los mejores cortadores es Francisco García Escudero, del restaurante Casa Manolo Mayo, de LPyV, ganador del II Concurso de Cortadores de Jamón Ibérico de Bellota Sierra de Sevilla, en el Congreso Andalucía Sabor.

El adiós de Enric González

"La dirección de este periódico considera que conviene aprovechar al máximo el espacio de papel, cada vez más escaso, y que estas líneas serán de mayor provecho si se dedican a la televisión en lugar de a peroratas más o menos excéntricas. Se me ha ofrecido volver a ser corresponsal en el extranjero, el empleo al que me he dedicado durante casi dos décadas, y he aceptado. Me largo a Jerusalén en enero. Alguna vez dije en este mismo espacio que no hay que preocuparse si desaparece del periódico alguna opinión, porque cada uno tiene ya la suya. Sigo pensándolo. Creo que hace más falta la información y, dentro de mis posibilidades, en el nuevo destino intentaré conseguirla, comprenderla, escribirla y publicarla". (Canario).

El articulista de El País anuncia su traslado en la columna de hoy. Los veteranos lectores del periódico volvemos a sufrir otro desplante de un equipo directivo que va a la deriva, enmedio de una supuesta modernización que pretende convertirnos en traductores de sms. Lo alertó -otro más- el pasado domingo Javier Marías:

"Es normal que lo que no me gusta de El País me preocupe, no tiene nada de particular. Les sucede a los que son sólo lectores, como demuestran sus Cartas al Director y sus quejas a la Defensora. En los últimos tiempos encuentro cada vez más motivos de preocupación: de tendencia, de estilo, de contenido, de foco o atención". (Que no me entero).

Ahora se va Enric González, uno de los mejores columnistas del diario. Cierto, lo hace a Jerusalén, uno de los centros de la actualidad mundial. Y seguro que lo hará igual de bien que en Londres, Roma o Nueva York. Pero en este país de opinadores recalcitrantes, de voceadores atrincherados, necesitamos razonamientos independientes y argumentos equilibrados. Echaremos de menos su "disidencia elegante y leal de algunas de las concreciones del pensamiento dominante en el diario, su escritura clara y bienhumorada y su capacidad de interesar a los lectores", en palabras de Arcadi Espada. Sea para desentrañarnos los secretos del fútbol, sea para descubrirnos lo mejor del periodismo. Como revela esta galería de artículos.

Una vez le censuraron y salió del embrollo con dignidad y "Derechos". Así:

"Cuando se está en precario conviene establecer prioridades. Y, francamente, las opiniones no son ahora mismo un bien escaso. Lo que está en peligro, lo que debemos defender, es la información. Es decir, los cimientos de la prensa. Los periódicos nacieron para difundir noticias portuarias, comerciales y sociales, no para la batalla ideológica: eso llegó después. Necesitamos saber lo que hace el Gobierno, y eso nunca lo dirá ningún Gobierno; necesitamos disponer de datos fehacientes sobre la banca, las empresas, la justicia, el sistema sanitario, sobre los delincuentes que nunca pagarán su crimen y sobre los otros delincuentes, los que sólo pueden usar la violencia. Necesitamos datos. Necesitamos periodismo.

No se preocupen si un día echan en falta una opinión: tienen de sobra por ahí y, sobre todo, ya tienen ustedes la suya. Preocúpense por lo otro, por lo que nos hace realmente falta. Como decía Manuel Vázquez Montalbán, estamos rodeados. Falta por ver si este asedio acabará como Numancia o como Stalingrado".

De momento se defenderá desde Jerusalén, que no es mal sitio para el combate, aunque aquí nos quedaremos sin un referente del mejor columnismo que se hace hoy en España.

Ramito de violetas

Ramito de violetas

... como cada nueve de noviembre

"Ágora"

Pásenla en las escuelas.

"Nuestra precariedad es tu desinformación"

"Más de 600.000 informadores de 116 países están convocados a esta movilización, en un momento en que están en juego miles de puestos de trabajo de informadores en todo el mundo.

Un mundo donde los grandes grupos mediáticos vulneran cada día el derecho de la ciudadanía a la información y en el que cada vez es más difícil para los periodistas cumplir con su trabajo de ofrecerles información veraz, plural y de calidad".

Luto

A varios amigos y conocidos les ha sorprendido en las últimas semanas la muerte de allegados.

Uno balbucea el pésame con temblor: un abrazo, muchos besos.

Y cruza los dedos en la congoja para que esa canalla depredadora no se le cruce a ningún allegado en cualquier miserable recodo del camino. Con la dolorida certeza de que así será cualquier día nefasto.

De golpes

"Si malo es hacer daño, peor es lastimarse" escribe Xavier Pericay en "Josep Pla y el viejo periodismo".

A mi lado, ella añade lapidariamente:

"Y peor aún es que te lastimen". 

"Si la cosa funciona"

"Si la cosa funciona"

Cumplido el rito anual.

Woody Allen vuelve a su Nueva York para deleitarnos con "Whatever Works".

Nosotros, los asiduos, regresamos con él entre la sonrisa y la carcajada pese a la incredulidad de la historia. Redescubrimos la punzante agudeza de los nuevos-viejos diálogos, la radicalidad del genio que se hace muy mayor, la esperanza pese a todo... 

El pesimismo de Allen ante el absurdo de vivir y las vacuas aspiraciones humanas se compensa con el bálsamo de un azar que, si no nos causa la muerte -incluso de la mano del suicidio-, puede  llevarnos de bruces (y el que vea la película sabrá que no hay término más certero) al amor y la felicidad...

si la cosa funciona.

¿Quién instala la carpa?

En un informativo radiofónico regional el presentador inicia su relato con renovada alharaca: nuevos datos del Caso Marta del Castillo.

Conecta en directo con la redactora que está en el lugar de la supuesta búsqueda del cadáver. Buena cronista, relata la soledad del campo, el vagabundeo de algunos perros, la presencia del abuelo de la menor, que ha encontrado una sábana sospechosa ya entregada a los policías que merodean por la zona. Mañana se abrirá la zanja.

Desde el estudio, el conductor del programa indaga con un indisimulado deje de reproche:

- Una cosa más, ¿mucho circo mediático?

Anonadado, rastreo el dial entre la mujer barbuda y Sevilla FC Radio (hoy hay Champions).  

Beevor / Capa

Sobre la mesa El día D. La batalla de Normandía, del historiador británico Antony Beevor, editado por Crítica. Beevor vuelve a desentrañar la angustia y los padecimientos de la gente común en la guerra: "Se montó un escándalo porque utilicé la palabra crimen de guerra para describir el bombardeo de Caen y hay que ser muy cuidadoso con esta expresión, lo que dije es que estaba cerca del crimen de guerra. Pero lo que es cierto es que el bombardeo no consiguió nada y fue estúpido desde el punto de vista militar porque si quieres capturar una ciudad rápidamente no deberías destrozarla. Y sólo hubo bajas entre los civiles".

El día D me lleva a los subrayados de Ligeramente desenfocado, libro intenso, hermoso y apasionante, que la editorial La Fábrica edita por primera vez en español, y donde el fotógrafo Robert Capa narra su odisea con las tropas aliadas que lucharon en el norte de África e Italia hasta concluir en el desembarco de Normandía y la liberación de París.

Pero Capa no es historiador ni lo pretende. Su biógrafo Richard Whelan avisa en la introducción que este texto quería ser la base de un futuro guión cinematográfico y que el propio Capa advertía en la sobrecubierta de la edición original: "Escribir sobre la verdad es obviamente muy difícil, así que me he tomado en su honor la libertad de a veces traspasarla y otras no llegar a ella.. Todos los sucesos y personajes de este libro son fortuitos y están conectados de algún modo con la realidad".

O sea, que el mejor fotógrafo de guerra de la historia no juega del todo limpio, aunque nadie como él para narrar su experiencia  como corresponsal en primera línea de batalla y que de forma tan conmovedora demuestran las imágenes que ilustran el libro. Y es justo destacar algunas de sus mejores reflexiones:

Un piloto herido le espeta: "¿Son éstas las imágenes que estás buscando, fotógrafo?". Más tarde reflexiona: "En el tren de vuelta, con aquellos rollos de película bien aprovechados en mi bolsa, sentí odio hacia mí mismo y hacia mi profesión. Ese tipo de fotografías era apto sólo para sepultureros, y yo no quería ser uno. Si tenía que participar en un funeral, juré que lo haría desde el cortejo".

Tomada Nápoles por las tropas norteamericanas, Capa se encuentra con el velatorio de veinte menores asesinados por los nazis: "Esos niños napolitanos habían robado fusiles y balas y habían luchado contra los alemanes durante dos semanas, mientras nosostros estábamos atascados en el paso de Chiunzi. Sus pies fueron mi verdadero comité de bienvenida a Europa, yo que había nacido allí. Mucho más real que los vítores de la multitud histérica que habíamos encontrado a lo largo de la carretera, gran parte de la cual había gritado <<Duce!>> un año antes. Me descubrí y saqué la cámara. Enfoqué los rostros de las mujeres postradas, que portaban fotos de sus hijos muertos, hasta que finalmente se llevaron los ataudes. Aquellas fueron las más fidedignas imágenes de la victoria, las que tomé en un sencillo funeral celebrado en una escuela".

Con ironía se defiende de la otra victoria. El representante de la Iglesia napolitana acude a una ceremonia con un alto mando norteamericano. Capa no tiene piedad: "El obispo, por su parte, había estado ensayando durante tres años para esta ocasión, con diversos generales alemanes".

Y la fiesta en la Ciudad de la Luz: "No habría otra invasión que sobrepasara a la de Normandía; nunca una liberación sería como la de París", como respiro en el avance hacia el espanto: "Los campos de concentración estaban plagados de fotógrafos y cada nueva fotografía del horror servía sólo para atenuar el efecto general".

Y todavía una última víctima en el Leipzig conquistado a manos de un francotirador alemán:

"Tenía la imagen del último hombre en morir. El último día mueren algunos de los mejores. Pero los vivos olvidarán rápido".

Salvo si Beevor se empeña en devolvernos lo mejor de la Historia.  

OK Corral

"Los motivos que desencadenaron el tiroteo siguen siendo complejos: las dos partes estaban en oposición debido a factores políticos, ideológicos y asuntos de negocio". (Wikipedia).

Aprobada la TDT de pago en el Congreso, ¿sobrevivirá Zapatero al bombardeo cruzado de las homilías de los poderosos medios del Grupo Prisa -El País, la Ser, Cuatro- o le mandarán, con el apoyo entusiasta de las viejas glorias socialistas, a la tribuna del Nou Camp, junto a Roures y sus cuentas? 

 

El regreso (15 días después)

El regreso (15 días después)

Esta cansina sensación de día de la marmota.

El sueño, abruptamente quebrado por el timbrazo del despertador, ahuyentado por la bocanada del bostezo  –y la triste incógnita de si alguna veraz será posible- de fundar un club de jazz

... en Tokio

o en Costa Ballena.

Born in Seville

Born in Seville

La memoria de un bebé.

Vacaciones.

Concierto de The Boss.

Baile, cerveza, whiski en tres horas de rock.

Este pacífico mar

de prolíficas lecturas.

Embarazadas. Carritos. Niños grandes. Niños chicos

Costa Ballena Paraíso.

Delicia de Herodes.

Descanso y aliento del guerrero.

"Vamos a dejarlo así"

¡Vamos a dejarlo así!
No ahondemos más en la arena...
¡Qué tu fuiste!... ¡Qué yo fui!
¡Vamos a dejarlo así
que no merece la pena!

¡Vamos a dejarlo así!
Las cuentas son dolorosas
¡Tú ganaste!... ¡Yo perdí!
¡Vamos a dejarlo así
que así se mueren las rosas!

¡Vamos a dejarlo así,
sin aire de calentura!
¡Tú creías!... ¡Yo creí!
¡Vamos a dejarlo así
no hay rencor, ni amargura!

¡Vamos a dejarlo así!
que no se advierta el combate.
¿Ni me heriste! ... ¡Ni te herí!
¡Vamos a dejarlo así
aunque la herida nos mate!

¡Vamos a dejarlo así!
¡Vamos a dejarlo así!
¡Vamos a dejarlo así!... Así.

(Más Poveda, aunque no he encontrado video para ilustrar el cante, que está en el disco Coplas del querer)

"Escribir a dieta"

Por JUAN VILLORO

Diario REFORMA. Ciudad de México

(19 de Junio de 2009)

Hace años, en todos los periódicos trabajaba un gordo dedicado al arte de corregir la puntuación. Mientras otros sudaban en el lugar de los hechos, él leía con ojos de cazador. De tanto en tanto, chupaba un lápiz como quien prueba una golosina y tachaba un gerundio. No necesitaba consultar diccionarios porque había engordado a fuerza de adquirir palabras.

El corrector obeso era la versión extrema del periodismo sedentario. Su cuerpo expresaba autoridad. Aunque odiáramos sus enmiendas, lo veíamos como a un Buda cuyo paradójico don consistía en suprimir el adjetivo que tanto nos gustaba.

En un diario español conocí a uno de esos gordos, que además tenía el tino de apellidarse Grasa. Nadie se burlaba de él. Su nombre parecía heráldico, digno de su especialidad.

Los correctores perdieron importancia desde que la computadora prometió hacer esa tarea. El gran gordo desapareció mientras las redacciones se llenaban de gorditos.

Los reporteros se ejercitan menos; ya no persiguen las noticias a pie, sino que las buscan en las pantallas. Un oficio de flacos (recordemos al periodista famélico dibujado por Abel Quezada) se ha convertido en una tarea donde la barriga ya no es exclusividad del corrector en jefe.

Internet ha traído numerosos cambios culturales. No vamos a demonizar aquí algo bueno e inevitable, como la lluvia o el teléfono, pero es un hecho que los inventos ponen nerviosa a la gente. La fotografía anunció el fin de la pintura, el cine el fin de la fotografía, la televisión el fin del cine y la computadora el fin de la televisión. El resultado suele ser el opuesto. Cada nueva tecnología prestigia a la anterior: el plástico ennoblece al vidrio, el vidrio al bronce y el bronce a la piedra.

Las fotos polaroid, que parecieron el non plus ultra de lo moderno, acaban de desaparecer para siempre, convirtiendo a sus cultores -de Andy Warhol a David Hockney- en artistas de una edad pretérita.

Dentro de 50 años será imposible encontrar un sistema operativo para leer un CD con la información que hoy podemos grabar. En cambio, se leerán libros caligrafiados hace 2 mil años.

Internet refrendó la fuerza de la cultura de la letra. No podemos vivir sin escritura. La constelación que una vez se trazó con tinta de calamar, ahora brilla en nuestras pantallas.

Sin embargo, ante la galaxia Google, el periodismo impreso ha tenido un ataque de ansiedad. En vez de realzar sus recursos, imita los ajenos. Como la información en línea es muy solicitada, los periódicos tratan de parecer páginas web (menos letras, más imágenes, tips que simulan ser links...).

La reacción debería ser la contraria. Si en la pintura el abstraccionismo mostró lo que no puede hacer la fotografía, el periodismo impreso debería ofrecer lo que no funciona en la red: textos larguísimos para gente que conoce la calma. El periódico italiano La Reppublica es un buen ejemplo al respecto. Se lee al ritmo que impone el papel. Hace poco, uno de sus temas de portada fue la descripción de un beso. Es cierto que el autor era Orhan Pamuk, pero pocos diarios lo hubieran considerado digno de primera plana.

Lo curioso es que mientras se reduce el periodismo de investigación y se eliminan suplementos, las revistas ganan adeptos, demostrando que hay gente dispuesta a leer textos más extensos que los de las cajas de cereales.

La red se ha convertido en su propio tema: es el horizonte de los acontecimientos. En vez de acudir al lugar de los sucesos, el reportero vigila la realidad virtual. Como todos pueden llegar ahí, la competencia se basa en la homologación. El triunfo de conseguir algo único es menos decisivo que la derrota de perder lo que los demás consiguieron. La novedad tiene un criterio estándar.

Otro efecto secundario de internet es la disminución de corresponsales extranjeros. La red es una plaza sin patrias donde se intercambian datos de todas partes. Los enviados especiales se han vuelto caros y en cierta forma desconfiables: ven de manera peculiar un mundo que aspira a la norma.

Para colmo, en muchas ocasiones el reportero debe escribir un texto aplicable a varios formatos (el periódico impreso, la información en línea, el boletín de radio o televisión). Por lo tanto, ofrece una materia neutra donde los giros personales se evitan como grumos en el arroz con leche.

El periodismo sin señas de identidad permite que alguien comente: "ese texto es demasiado literario". La frase debería ser tan rara como la de un chef que dijera: "ese guiso es demasiado gastronómico". Casi siempre, la objeción se refiere a que el texto es complicado. La claridad es un requisito de la prensa (el desembarco en Normandía no se puede comunicar como un poema dadaísta), pero el miedo a la diferencia ha llevado a renunciar a los adverbios y los adjetivos.

Al alejarse de su esencia, la prensa escrita pierde lectores en todas partes. Mientras los periódicos adelgazan, los periodistas engordan.

No será por mucho tiempo. No hay vida sin historias. Nada más urgente que la crónica de un beso.

(Visto en Escolar y La Fragua)

"A ciegas"

"No tienes que darme cuentas
A ciegas yo te he creído,
Yo voy por el mundo a tientas
Desde que te he conocido.
(...)

No tienes que darme cuentas
Que no te las he pedido
Quien va por el mundo a tientas
Lleva el rumbo perdido.


Yo me clavaré en los ojos
Alfileres de cristal
Para no verme cara a cara
Contigo y con tu verdad.
Mientes de noche y de día
Y a jurarme en falso llegas.
Sigue mintiendo alma mía
Para yo quererte a ciegas".

Oigo a Miguel Poveda cantar esta copla de Quintero, León y Quiroga en Coplas del querer, y la coloco a modo de pintada, de homenaje, en este muro de mis tatuajes.

(Video con la versión de Los abrazos rotos, de Almodóvar)

Como balcones a la calle

Como balcones a la calle

"Una ventana al tiempo son tus ojos,

me hablan siempre de ti y me restituyen

de todo lo pasado antes de que pasara"

J. M. Caballero Bonald, La noche no tiene paredes.

El joven Carlos Marzal en su último poemario, Ánima mía, celebra la vida. El viejo Caballero Bonald la despide entre dudas. Y algunas certezas.

"La edad me ha ido dejando

sin venenos, malgasté en mala hora

esa fortuna,

¿qué más puedo perder?

Llega el tiempo ruin de los antídotos.

Materia devaluada, la aventura

disiente de ella misma y se aminora.

Ya sólo quedan rastros de peligros,

una zona prohibida apenas frecuentada,

la pauta exigua de lo inconfesable,

cierto amago fugaz de furia y desacato".

Y otros versos subrayados como quien desenvaina un puñal.

"Tristeza

de estar aquí acordándome de algo

que queda ya más lejos que el recuerdo".

"Soy a la vez quien ama y aquello que yo amo"

"Quién que no tú vendrá a advertirme

que el pasado

no ha terminado todavía de pasar". 

Para concluir al fin...

"Sombras dispares

que el tiempo reconcilia a duras penas,

pero que juntas van contribuyendo

a ejercer de benévolos augurios

de esas noches gozosas que te quedan de vida"

Una hermosa despedida

Rosa Montero y la vida, en un columna que es luz y desolación, tras la muerte de su compañero Pablo Lizcano

"La alegría de vivir. Y la fugaz y espléndida belleza.

Una noche de angustia. Intuición de la muerte. Una mano en la tuya. La cama es una balsa en mitad del naufragio".

 

"Derechos" en precario

Hoy ha vuelto Enric González a su columna de El País, tras la nonata "Rodeados".

Derechos

"Visto lo que ha dado de sí en los últimos 10.000 años, el humano debería tener una opinión bastante matizada sobre sí mismo: somos capaces de lo mejor y de lo peor. En general, hacemos lo peor y soñamos lo mejor. La Constitución Española, por ejemplo, establece el derecho a la salud, la educación, el empleo o la vivienda. Luego la realidad es la que ustedes conocen. Otro ejemplo de nuestra intensa vida onírica es el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión". Ya ven.

Justamente ayer, el hoy en el que escribo, se celebró (es un decir) el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Se publicaron informes y comentarios, en general de tono apesadumbrado. Dicen que la crisis, la general y la de los medios, limita la libertad de prensa. Ignacio Sotelo considera que "cuando escasean los puestos de trabajo, las voces independientes bajan mucho de tono". Es posible.

Cuando se está en precario conviene establecer prioridades. Y, francamente, las opiniones no son ahora mismo un bien escaso. Lo que está en peligro, lo que debemos defender, es la información. Es decir, los cimientos de la prensa. Los periódicos nacieron para difundir noticias portuarias, comerciales y sociales, no para la batalla ideológica: eso llegó después. Necesitamos saber lo que hace el Gobierno, y eso nunca lo dirá ningún Gobierno; necesitamos disponer de datos fehacientes sobre la banca, las empresas, la justicia, el sistema sanitario, sobre los delincuentes que nunca pagarán su crimen y sobre los otros delincuentes, los que sólo pueden usar la violencia. Necesitamos datos. Necesitamos periodismo.

No se preocupen si un día echan en falta una opinión: tienen de sobra por ahí y, sobre todo, ya tienen ustedes la suya. Preocúpense por lo otro, por lo que nos hace realmente falta. Como decía Manuel Vázquez Montalbán, estamos rodeados. Falta por ver si este asedio acabará como Numancia o como Stalingrado".

Datos, sí, pero también opiniones como estas del propio Enric González, como las de Arcadi Espada o Soledad Gallego-Diaz, ahora tan lejos, como las de Savater, Muñoz Molina, Elvira Lindo, Vicente Verdú o Rosa Montero; como las de Almudena Grandes, García Montero o Javier Marías; como aquellas de Pla o Chaves Nogales. Opiniones que enseñen, que cuestionen, que alienten, que iluminen, que alerten, que abran caminos al conocimiento y que nos ayuden a indagar en las realidades de estos tiempos convulsos.

Y si un periodista como Enric González está en precario, imagínese cómo sobrevive el gremio: entre la honrosa fatalidad de lo inevitable (en Numancia) y el heroico resistiré de las víctimas de Vida y destino (en Stalingrado).

De Chaves Nogales

De Chaves Nogales

Hay un comentario de Álvaro en la nota anterior sobre la biografía de Juan Belmonte contada por el periodista y escritor sevillano que encabeza este post. (Si el firmante es Álvaro Romero, como imagino, también es periodista y "escritor a jornal (y muchas veces de balde)", vecino de LPyV, antitaurino confeso). Afirma que lleva un mes aconsejando leer a Chaves Nogales. Más o menos, es el tiempo que intento dejar constancia aquí del descubrimiento de este autor. Es el tiempo que me flagelo por los años que ha reposado en la librería de casa su obra periodística completa editada por la Fundación Luis Cernuda, de la Diputación de Sevilla.

Primero fue la historia de Belmonte, de 1935, considerada la mejor biografía de la literatura española, por la que me interesé para regalársela a mi compadre, aficionado de vieja sabiduría, al que tendré que comprarle otro ejemplar. Aquí está su primer capítulo, y lo que sigue es aún más deslumbrante. Olvídate de aquel nuevo periodismo con sus Tom Wolfe y derivados, que nos vendieron como una forma moderna de ver y contar la realidad, y maldice a todos aquellos que te sermonearon en la Facultad sin ofrecerte el conocimiento de aquel precursor muerto en el exilio de Londres, silenciado por académicos y pistoleros a uno y otro lado de los totalitarismos del siglo XX.

Después rescaté del polvo La agonía de Francia. Acababa de leer Diario de Berlín, donde el periodista W. Shirer relata desde dentro la ominosa cotidianeidad del nazismo. Chaves Nogales nos cuenta la descomposición francesa ante el avance de las tropas alemanas. De aquella Francia que "era también un mito de la democracia, de la libertad, de los Derechos del Hombre". Y lo hace un republicano español, exiliado de la Guerra Civil, que busca el amparo de la civilización ante tanta barbarie, y que en su segunda huída, camino de Gran Bretaña, alumbra la esperanza: "Aún hay patrias en la tierra para los hombres libres".   

Más tarde corrí a la librería para hacerme con A sangre y fuego. Héroe, bestias y mártires de España (1937). Su prólogo, de unas pocas páginas, es la reflexión más lúcida, equilibrada y desgarradora que se pueda leer sobre aquella matanza, frente al fascismo y el comunismo, contra los bombardeos de la aviación franquista y contra los paseos de los milicianos; escrito además cuando humeaban las balas en las tapias de los cementerios y las tierras de España eran baldíos de cruces y muertes. 

De la añoranza inicial -"Yo era eso que los sociólogos llaman un <<pequeñoburgués liberal>>, ciudadano de una república democrática y parlamentaria"- a los principios -"Antifacista y antirrevolucionario por temperamento", "un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad", "idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España"- hasta las dolorosas conclusiones -"Yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos. Para un español quizá sea éste un lujo excesivo", "No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras", "Me expatrié cuando me convencí de que nada que no fuese ayudar a la guerra misma podía hacerse ya en España".

Y al fin: "No quiero sumarme a esta legión triste de los <<desarraigados>> y, aunque sienta como una afrenta el hecho de ser español, me esfuerzo en mantener una ciudadanía española puramente espiritual, de la que ni blancos ni rojos puedan desposeerme".

Más sobre Manuel Chaves Nogales:

- La página sobre el autor de María Isabel Cintas, catedrática de la Universidad de Sevilla, responsable de la agotada edición de sus obras completas en la Fundación Luis Cernuda, Diputación de Sevilla.

- Especial de Babelia, suplemento artístico de El País.